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lunes, mayo 04, 2009

Macarena (un aporte de Ramses, un faraón part-time)


Tiempo atrás conocí a un muchacho llamado José, que estudiaba educación diferencial. Por mi forma de ser, la gente rápidamente me permite entrar a su intimidad, así que a pesar que él es varios años menor que yo, terminamos entablando una amistad bastante sincera...

Un día, para juntáramos y tomarnos unas cervezas arreglando el mundo, me pidió que lo pasara a buscar a una escuela de ciegos (la verdad es que no se si es la única), donde estaba realizando un trabajo con niños con déficit visual. Así que al llegar lo llamé por celular y él me dijo que volviera en una hora o lo esperara ya que se iba a demorar, y como no tenia donde ir decidí esperarlo.

Estaba tranquilo sentado en un rincón haciendo la hora hasta que llegara mi amigo, cuando de repente una chica viene directamente hacia mi guiada por su bastón. Yo rápidamente intento pararme para salirme de su camino, pero con tan mala suerte que resbalé y quedé desparramado en el suelo.

- Me rindo... me rindo...- digo entre risas intentando ponerme de pie.

Ella también rió con una risa clara y su voz produjo una sensación extraña en mi pecho lo que hizo que me detuviera.

- Ya me había dado cuenta que estabas ahí - dijo mientras se detenía frente a mi y plegaba su bastón.

En ese momento mire su cara y me di cuenta que era realmente hermosa.

Su tez era blanca, su nariz respingada y unas pequeñas pecas le daban un aire travieso.

Usaba un chaleco blanco ceñido y un pantalón de tela café oscuro que en conjunto realzaban sus curvas, que por lo demás no eran pocas. Lo que más me llamó la atención, es que no usaba lentes oscuros como los otros ciegos que había visto allí y sus ojos parecían normales excepto por que los mantenía fijos girando la cabeza completa cuando le hablaba.

- Eres Alex, ¿no? - y me dirigió una sonrisa que me hizo olvidar que todavía seguía en el suelo.

- Si, y si no lo fuera también diría que sí - dije cerrando un ojo... inútilmente.

“ Es difícil ser sutil con una chica ciega”, pensé, “mejor... así no caigo en tentaciones “

- "José me pidió que te acompañara mientras terminaba con los chicos – me dijo, mientras yo me levantaba, a la vez que promovía a José de la categoría de simple amigo a la de hermano carnal... y mas allá....

- ¿Cuál es tu nombre? - dije mientras tomaba mi bolsón y me lo colgaba del hombro.

- Macarena -

Hasta su nombre era perfecto... y para mi sorpresa en ese momento no me importo que fuera ciega, ya ni siquiera me parecía un defecto...

Ella empezó a desplegar su bastón y yo sin pensarlo dije:

- ¡No!, tomate de mi brazo mejor.

- Gracias, puedo sola... - dijo cortante y pensé rápidamente la manera de salir del embrollo

- Pero yo no, con lo tonto que ando capaz que me pierda - y sonreí - ¡plis! - agregué con voz de niño al darme cuenta que no servían las sonrisas coquetas

Al parecer mi tono bastó, porque ella sonrió y extendió su mano hacia mi buscando mi brazo y yo rápidamente la tome para guiarla.

Su piel era suave y el contacto de su mano en la mía se me antojo demasiado agradable. Así que para prolongar este contacto dije sin soltarla

- En realidad no sé cómo hacerlo, tendrás que enseñarme -

- Pon mi mano en tu codo y me tomare de tu brazo - mientras decía esto una de sus manos se posó en mi cara y empezó a pasar la punta de sus dedos por mi rostro como si de una caricia se tratara.

- Permiso... - dijo con una sonrisa

- Ya lo estás haciendo así que sigue - y guié su otra mano hacia mi boca para demostrarle que estaba sonriendo.

Cuando termino se aferró a mi brazo y comenzamos a caminar hasta una banca en el patio interior de la escuela. Conversamos todo el rato y aproveché para preguntarle que relación tenía con José y me dijo que solo eran amigos. Al rato llego mi socio con ganas de tomarse las chelas así que se acabo todo.

Cuando nos estábamos despidiendo, pregunte a Macarena si podía pasarla a buscar algún día para seguir conversando y ella accedió, yo no cabía en mí y (medio atontado por la emoción) me despedí de ella con un beso en la mejilla.

Cuando íbamos saliendo mi amigo me abraza y me dice -Ella es como mi hermana, si le haces daño... te mato - y después se larga a reír como para alivianar la amenaza.

Así que con Macarena quedamos primero un día después dos y después prácticamente nos veíamos todos los días.

Ella había perdido la visión ya siendo una niña, por culpa de un tumor que a pesar de ser benigno era hasta el momento inoperable, por lo que conocía los colores y las formas. Así que parte de nuestro tiempo me dedicaba a leerle novelas y algunos poemas sentados en el pasto de algún parque sabiendo que su imaginación lograba transportarla a esos lugares como si los viera.

La verdad es que nunca había conocido a alguien como ella y aún ahora los recuerdos de aquellos días me llenan de una nostalgia que me es difícil expresar con palabras. A mi mente llega el recuerdo de un día en especial, llevábamos saliendo algo mas de un mes, y yo no me había atrevido a pasar más allá de un beso y algunos roces "casuales" a su anatomía, ya que hasta ahora nos habíamos juntado solo en lugares públicos. Ese día mi vieja se había ido de vacaciones y mi hermano no iba a llegar, así que prepare una cena en mi departamento como sorpresa y la invité con la condición que yo mismo la iría a buscar y a dejar a su casa cuando termináramos.

Cuando llegue a la puerta de su casa se veía esplendida, se había puesto una faldita plisada cortita y una blusa blanca que trasparentaba su busto cubierto por un sostén de encaje blanco. Subimos al auto y ella se arrimo a mi brazo todo el camino permitiéndome sentir su cuerpo como pocas veces me había atrevido. Después de comer y con una copa de vino nos sentamos en el sillón junto a la ventana. Puse una luz tenue para sentirme en ambiente y una música suave, y cuando me senté ella volvió a arrimar su cuerpo al mío y con la punta de sus dedos comenzó a acariciar mi cara como la primera vez que nos vimos.

- Me gusta tu cara de niño chico... - y cuando yo iba a empezar a protestar diciendo que tenía más de 25 y que de cabro chico me quedaba poco, ella cerró mis labios con un beso.

Su boca parecía hecha de miel y sus besos parecían transportarme a otro mundo. Mis manos por instinto comenzaron a recorrer su cuerpo por encima de su blusa. Sin dejar de besarme, los dedos de Macarena comenzaron a abrir mi camisa y a recorrer mi pecho. Sus caricias eran tan delicadas y su piel tan suave que me producía un cosquilleo, además sus manos recorrían uno a uno mis músculos y me di cuenta que además de las caricias estaba memorizando mi cuerpo.

- Cuando me enseñarás a hacer eso... - dije casi sin pensar

- Hacer que - dijo extrañada

- Recorrer así mi piel, da la impresión que te estás grabando cada centímetro... y eso me gusta... -

- Si... quiero recordarte siempre - dijo con una risita y siguió con su trabajo

Ya que estábamos en esa, puse mis manos en su rodilla y lentamente comencé a recorrer el camino de sus muslos debajo de su falda. Ella me dejo hacer y cuando iba a llegar a su sexo, ella cambio de posición y comenzó a besar mi pecho dejando mis manos demasiado lejos para terminar mi recorrido por sus muslos. Así que empecé a abrir la blusa de Macarena mientras rozaba la piel expuesta de sus pechos con las puntas de mis dedos imitando la forma como ella lo había hecho en mi piel.

- No me has mostrado tu pieza - dijo al fin cerrándose un poco la blusa

- No me lo habías pedido - dije mientras la tomaba de la mano y la conducía lo mejor posible por el pasillo.

La dejé que recorriera mi habitación hasta sentirse a gusto, mientras yo eliminaba todos los obstáculos que se me habían pasado del orden al que había sometido mi pieza. Realmente ella se veía hermosa recorriéndola y memorizándola, con su blusa abierta y su faldita meciéndose al son de sus pasos.

Cada vez que me agachaba a recoger algo, la vista sublime de sus piernas y sus glúteos blancos como la nieve me subyugaba. Ella, de alguna extraña forma pareció en un momento darse cuenta de lo que estaba haciendo por que se sentó en mi cama mientras decía - Ya... Mucho... ven acá para hacerte un poquito de cariño... - su expresión era picara y eso me provocó que mi libido se encendiera.

Comenzamos a besarnos otra vez y ella saco la parte de arriba de mi camisa.

- Déjame tocar tu espalda - dijo y yo me estire en la cama bocabajo

Ella comenzó a recorrer suavemente la piel de mis hombros con sus dedos produciéndome una sensación extraña pero agradable, y yo para darle espacio desate mi cinturón. Realmente no sé cómo, pero en un momento me di cuenta que estaba en slip y ella se montó a horcajadas en mi espalda, dedicándose a recorrer mi cuerpo con sus labios, sus pechos desnudos y su vientre. La sensación era indescriptible ya que estaba ocupando todo su cuerpo en sus caricias y podía notar el delicado roce de su sexo en mi espalda a través de la delicada tela de su calzoncito. Mi cerebro parecía que iba a colapsar de tantas sensaciones nuevas y perdí otra vez la noción del tiempo... o mejor dicho no deseaba que este pasara...

De repente algo me saco del paraíso.

- Quiero que conozcas mi mundo - dijo deteniéndose abruptamente

- ¿Ahora? - mi voz sonó decepcionada

- Vamos, no creo que te arrepientas... tráeme un pañuelo y apaga las luces -

Con extrañeza busque un pañuelo y después apague la luz.

- Todas - me dijo así que salí y apague todas las luces dejando el departamento completo en una total oscuridad. También cerré las cortinas de la habitación para evitar que se colara la luz de los faroles. Ella se levantó de la cama y comenzó a hacer algo que no podría precisar, salió de la habitación y volvió al rato.

- Ven acá - me dijo y yo me senté a tientas otra vez en la cama ya que mis ojos no se acostumbraban a la oscuridad todavía.

Macarena me colocó el pañuelo a modo de venda, cuidando de mantener mis oídos libres y se alejó un poco de mi.

- No había mucho pero algo encontré - dijo y apoyo mi cabeza en su regazo. Mis manos comenzaron a acariciarla y para mi sorpresa me di cuenta que se encontraba desnuda.

- Tranquilo... déjame a mi - y separó mis manos de su cuerpo

Acerco un pecho a mi cara y lentamente empezó a jugar con la punta de su pezón sobre mi rostro. De inmediato una erección abulto mi slip, y no sé bien como, pero ella pareció notarlo

- ¿sientes algo? - dijo

- se siente rico..... - al decir yo eso se retiro y comenzó a pasar un objeto redondo y algo áspero por mi cara.

Un fuerte olor a naranja inundo mis fosas nasales y la textura rugosa de la cáscara comenzó a hacer cosquillas en mi nariz

- ¿Y eso? - dije extrañado

- también se siente rico ¿no? -

- No es lo mismo - realmente estaba extrañado

- ¿por qué?... ¿cuál es la diferencia? - su voz me pareció similar a la que usaba mi profesora de básica cuando me tomaba la lección...En todo caso eso también contribuyó a mi calentura.

- Porque es rugoso y huele a naranja... en cambio tu piel es suave y... - y en ese momento comprendí... no había puesto atención a que olía su piel, ni tampoco a que sabia...

- Déjame ver a que huelen tus pechos -

Me levanté y tanteando llegue a ellos. Los pechos de Macarena tenían un olor dulce y sutil, mezcla del aroma de su piel y el delicado perfume que ella usaba. Saque mi lengua y con mucha suavidad probé el sabor salado de la piel de sus pezones dándome cuenta de cada sutil diferencia. Cada vez que encontraba algo distinto iba comentando uno a uno mis descubrimientos en su oído con una voz suave y vibrante. Me sorprendía la facilidad con que se formó en mi mente una imagen cada vez mas detallada de cada parte por la que pasaba con mis labios, pero a esta imagen estaba superpuesta con olores y sabores lo que hacía que el cuerpo de Macarena pareciera escapar a las tres dimensiones que normalmente estamos acostumbrados, produciéndome una sensación de vértigo.

Cuando iba por su vientre el olor de su piel cambió drásticamente y el sabor salado se incrementó, hace rato que Macarena daba pequeños gemidos, especialmente cuando me acercaba a su cuello para comunicarle mis descubrimientos. El nuevo aroma de su piel era agradable y despertó una parte de mi cerebro que no creí tener. De pronto me sentí increíblemente excitado pero como no deseaba que esto acabara, solo me contenté con recorrer con la punta de mis dedos el camino hasta su sexo para tocarla un poco. No me sorprendió en nada comprobar que estaba mojada y el contacto de mis manos en esa zona produjo un estremecimiento en todo el resto de su ser.

- Muéstrame tu espalda - dije y ella se puso boca abajo

Con mucho cuidado comencé a morder su oreja y respirar en su cuello. Con mis labios rocé la piel de sus hombros para luego seguir lentamente por su espalda a través de su columna vertebral. Macarena comenzó a revolverse emitiendo pequeños grititos pero yo no presté atención, deseaba recorrer cada centímetro de su cuerpo así que sin prisa barrí su espalda y sus caderas mientras con mis manos acariciaba su vulva.

De repente ella se dio vuelta y dijo desesperada

- Basta, Alex... - algo me dijo que no estaba del todo bien y toqué su rostro... Este estaba húmedo, y eso me extrañó...

Saque el pañuelo de mis ojos y la vi en la penumbra. Se veía maravillosa con su carita triste y sus ojos fijos de muñeca.

Extendió sus manos buscando mi cara y yo las agarré en el aire y las besé con ternura, luego seguí por sus brazos y salté a su boca húmeda y dulce.

Con el movimiento del beso la deposité dulcemente en la cama y comencé a recorrer con mis manos su cuerpo sin dejar de besarla.

Aquel olor sutil volvió a su piel, así que comencé a bajar con mis labios por su cuello, sus pechos, su vientre y su sexo...

Cerré los ojos y hundí mi cabeza entre sus piernas. Mis labios parecían tener vida propia y por primera vez me atreví a embriagarme con el olor a hembra directamente de su fuente. Para mi sorpresa no encontré ningún olor desagradable, es más, en aquel momento mi libido se disparó y comencé inconsciente a recorrer todos sus recovecos con mis labios y mi lengua.... Macarena se revolvía como intentando separarme y por otro lado me enterraba con sus manos profundamente en su ser mientras gemía.

Un orgasmo descomunal se apoderó de su cuerpo y cuando todo acabó me agarró del pelo y sin importarle nada me plantó un beso con desesperación tumbándome de espaldas. Apenas tuve tiempo de colocarme el condón cuándo ella se enterró violentamente en mi miembro y empezó a moverse furiosamente mientras gemía. Sus pechos se bamboleaban con un compás frenético y yo apenas conseguía mantener su ritmo. El segundo orgasmo fue cosa de segundos y este fue tan terrible e intenso como el anterior.

Yo pensaba que había tenido suficiente pero ella se siguió moviendo... Y esta vez fue diferente, la cadencia de sus caderas cambió y puso una de sus manos en mi rostro suavemente, mientras con la otra se apoyaba en mi vientre. Yo puse mis manos en sus pechos y ella aprovechó este apoyo extra para acelerar el ritmo de sus caderas y agregarle un movimiento circular.

El movimiento me empezó a volver loco y ella al notarlo, lo aceleró lo más que pudo. Al parecer ella estaba esperando mi éxtasis porque inmediatamente comenzó a gemir y a restregarse cada vez más. La expresión de su cara cambió y en ese momento me perdí en el placer de mi orgasmo mientras sentía como ella alcanzaba el placer por tercera vez.

Ella cayó rendida en mis brazos y lentamente comenzó a sollozar de nuevo...

Una vez más besé sus labios intentando disipar sus fantasmas, pero ella me separó.

- Me voy a operar fuera de Chile - dijo sin que yo comprendiera bien a qué se refería.

- Estaré aquí esperándote... -

La verdad es que después de tamaña noche me sentía capaz de cualquier cosa por ella... No sé si realmente estaba enamorado pero si sentía un poco de miedo al pensar que podía perderla.

- No voy a volver... lo decidimos con mi familia...

Ante esa noticia no supe realmente que contestar así que preferí callar...

- Me tengo que ir - dijo ella mientras tanteaba en busca del lugar donde había dejado ordenada su ropa.

- No voy a dejar que esta noche termine así... - dije y mientras me ponía en su camino y colocaba sus manos en mi cara para que notara mi expresión.

- Que te vayas es inevitable... pero déjame intentar convencerte que regreses - y sonreí pícaramente con su mano aún en mi rostro.

Luego le di un beso largo y tierno... y la guié al baño.

Macarena se fue de mi vida un par de meses después, para no regresar jamás....

martes, abril 14, 2009

Final de un feliz cumpleaños



Estuvimos un rato tendidos en el suelo, esperando que el reposo nos restituyera las energías. Las chicas se reían y susurraban cosas, mientras bebían de sus copas. Parecían dos distendidas amigas, naturales y sin pudores. De no mediar su esplendida desnudez, nada habría de inquietante en la escena. En un momento, Erika se acercó a Silvia, como diciendo algo a su oído. Los ojos de mi mujer, delataron que había algo más. La boca de Erika, se deslizó por la mejilla de Silvia, lentamente, y se detuvo en los labios de mi mujer. Un beso largo las unió. Y luego, no sólo sus labios se acariciaban. El beso comenzó a juntar sus lenguas, en un frenético beso, apasionado como el que más. Las energías de ambos machos, nos llegó en un solo click, ante semejante e inesperado espectáculo. El ver a nuestras parejas, abrazándose, besándose y tocándose enteras, desesperadas, alejadas en ese momento de nuestra presencia, fue un detonante. Era como si no existiéramos.

Recostadas ahora sobre el sofá, nos entregaban el más exquisito retrato lésbico. Los dos cuerpos magníficos se brindaban las mejores y originales caricias. Sus bocas se recorrían mutuamente, sus manos se dedicaban a recorrer cada rincón de su piel, sus piernas se entrelazaban, se separaban, se oprimían, se abrían. Silvia, desenfrenada, cogió a Erika, la tumbó de espaldas y separando sus muslos, hundió su rostro en el triangulo perfecto de Erika. Espectadores privilegiados, veíamos la lengua que se deleitaba en la piel húmeda de su amiga, penetrando por primera vez la rosada cavidad, que destilaba los jugos del placer, luego la lengua de Silvia lamió el néctar, siguiéndolo con delicadeza hasta el oscuro rincón entre las nalgas de la compañera, donde se sumían los efluvios. Erika se dejaba hacer, gozando en cada embate.

De repente Silvia me dijo en alta voz: Ven para que te cojas este manjar delicioso, amor, haz lo que desde que viste por primera vez a Erika, quisiste hacer….

Me levanté como un resorte, y pude ver una vez más, el delicado sexo de Erika, lubricado y ardiente. Abierto y apetecible. Mi lengua acarició aquél fabuloso túnel, y Silvia hizo lo mismo. Ambos teníamos a la mujer, allí, con sus muslos extremadamente abiertos, saboreando al unísono toda su delicia. Erika, gemía de placer. De reojo, observé a Pedro, que se frotaba su arma, acicateado por la visión de su mujer devorada por nosotros.

Silvia observó lo mismo, y sin decir nada, me dejó sumido en Erika, bajando hacia el piso. Avancé sobre Erika y comencé a besar y lamer su cuello, mientras mi verga se posesionaba de su sexo, sus muslos me lo apretaron suavemente, y me susurró al oído:

- Es verdad que me deseabas?

- Si – Le contesté – desde que te vi por primera vez me impresionaste, tienes un cuerpo precioso, el besar cada rincón tuyo, es una regalo precioso. Tu cola me volvía loco y tenerlo para mi, es un manjar.

- Pues hoy es tu día de suerte, hoy probarás todo lo que te gusta de mí.

Inmediatamente sujetó mi pedazo duro y comenzó a introducirlo en su hinchada y húmeda vulva.

Estaba totalmente mojada y poco a poco me iba abriendo paso con mi pene que estaba que quería partirse de dureza. Ella se encontraba encima de mí y me cabalgaba como un jinete profesional, sus movimientos cada vez más profundos y fuertes se convirtieron en una fuente de placer, que la hicieron agitarse en un orgasmo intenso.

Mientras nosotros disfrutábamos de una unión profunda, Silvia se la estaba pasando de lo mejor con Pedro, y de vez en cuando escuchaba sus gemidos, esas señales de placer, bien conocidas por mí.

Erika se separó de mí bruscamente y se arrodilló justo enfrente de mí, dándome su espalda, mientras con sus manos separaba sus grandes nalgas.

- ¿Qué esperas? – Me preguntó - ¿Acaso no era mi cola una de mis prendas preciadas por ti? Ven y cógemelo que hoy es mi regalo especial para ti.

Y sin más dilación me acerqué a aquella redondez excelente, una cola esculpida a mano, rosada y exuberante. Ella llevó un dedo a su boca y lo untó de saliva, para enseguida humedecer, en un ademán exquisito, el maravilloso orificio que yo, no cesaba de admirar. No pude contener mi lengua, que de modo instintivo se precipitó a lamer ese presente que se ofrecía tan generoso. La punta de mi lengua trasgresora hurgó en ese preciado foramen.... mmmm, qué delicia. Fueron unos segundos apenas, pero para ella significaron una motivación extra, manifestada en quejidos y ayes de sensualidad inquietante. Presenté mi lanza palpitante en su ranura estrellada y poco a poco fui haciendo presión sobre ella. Se arqueaba y se movía suavemente, mi polla iba ganando terreno poco a poco, gemido a gemido, la sacaba y volvía a arremeter, hasta quedar al fin, completamente dentro de ella. La presioné con firmeza, procurando que sintiera mi dureza, hasta lo más profundo. Entonces comencé a moverme más fuerte, mientras ella me correspondía los movimientos con otros más intensos. No podía creer que aquellas nalgas tan codiciadas, hoy estaban siendo mías. La sensación era espléndida, su culo presionaba todo mi pene como si quisiera hacérmelo estallar.

A nuestro lado, en la alfombra, Silvia comenzó una seguidilla de quejidos, revelando que no dejaba de tener un orgasmo tras otro. La cara de placer de ambos provocó que estuviera a punto de explotar en Erika, situación que notó, y se retiró de su posición para tenderse en el piso boca arriba y me dijo:
- Ven que todavía te falta darme algo que también te gusta de mí. Y señaló sus grandes y firmes pechos.

Me arrodillé sobre su vientre, y allí sobre mi cabalgadura preciosa, comencé a refregar mi verga entre sus pezones. Era una vista excelente, su rostro encendido, sus ojos mirándome embobada. De vez de cuando alternaba los movimientos, y le introducía mi carne en su boca, la que abría, alojándome con pasión, besaba y lamía con sapiencia. De pronto ya no pude más y comencé a derramar mi leche, sin control sobre sus pechos. De mi verga brotaban chorros calientes, mientras yo hacía esfuerzos para no gritar de placer. De la escena habían sido testigos Pedro y Silvia, alertados por el frenesí de nuestra cabalgata. Silvia no pudo contenerse y en un arrebato de lujuria extrema, se acercó para lamer todos mis jugos sobre los pezones de Erika.

Los cuatro terminamos durmiéndonos, Erika y Pedro, abrazados sobre la alfombra, Silvia desparramada sobre el sofá. Cuando desperté. Erika y Pedro, estaban a punto de irse, Silvia me llamó para despedirlos. Saludé a mi amigo y le comenté que había sido una gran noche, luego me acerqué a Erika y le dije:

-Te debo agradecer por hacerme pasar el mejor cumpleaños de mi vida.

-No me agradezcas a mí, agradécele a Silvia, que supo leer mis deseos, porque no eras tú el único que quería esto…, sin duda, ha quedado claro que todos deseábamos algo así. Y no te preocupes, que mi cumpleaños no está lejos, estoy segura que ustedes sabrán regalarme algo interesante. Y diciendo esto me dio un beso suave en mi cara y se despidió de mi mujer, agradeciéndole por la noche maravillosa. Y así terminó mi cumpleaños número 28.

Silvia me sonrió guiñándome un ojo, nos abrazamos y subimos a nuestro dormitorio.

lunes, abril 23, 2007

Te llevaré bajo mi piel (Un aporte de Charli)




Sobrecogedora en tu mansedumbre. Diáfana. Cautivante. Dulce y tibia, te entregabas a las caricias con sosegada docilidad. Era la síntesis de la ternura. Encantamiento y fascinación. Éramos capaces de construir un oasis donde estuviéramos.

¿Lo sabes, verdad? Claro que sí, y estás segura de ello, lo leí muchas veces en tu mirada. Cuando te quejabas de que no cerraba mis ojos al besarte. Quería darte la certeza que sólo mirarte, provocaba el motín de todos mis instintos. Mi corazón se inflamaba por completo cada vez que mis ojos atrapaban cada imagen de tu piel, y ansiaba quedármela para siempre.

Amarte, por ello, no fue difícil, dejarte en cambio, me costó un mundo. Y lágrimas en la soledad y en el silencio doloroso de tu ida. Pero de no hacerlo, tu piel terminaría abandonándome por mi incapacidad de amarte como tu merecías. Te perdí, pero gané tu imagen permanente en mi alma, en mi vida entera. A estas alturas, eso es sólo un premio de consuelo, pero por tenerte, mi vida cambió, ya para siempre. Solo sé que te amo y a pesar de eso, te dejo. Mantenerte solo era posible a costa de construir una jaula para ti. Y los ángeles no pueden ser prisioneros. Ni siquiera del amor. Aunque pude quitar mis ojos de ti, seguiré llevándote bajo mi piel.




lunes, diciembre 04, 2006

Viaje de negocios


Debido a los nuevos negocios de un amigo, me pidió lo acompañara a una reunión fuera de Santiago. La verdad es que no me opuse, pues generalmente requería de mis consejos y olfato comercial, normalmente eso se traducía en buenas ganacias para ambos. Esta vez no estaba muy entusiasmado, pero en vista de que ya me había comprometido, emprendimos el viaje. Nos quedamos en un conocido hotel, seleccionado por mi en atención a su excelente restaurante, y con dependencias apropiadas para una reunión con los futuros socios de mi amigo. A las 20:30 llegaron los invitados, los que venían acompañados por sus respectivas esposas. A mi amigo, no le pareció muy bien la idea ya que limitaba la posibilidad de conversar sobre el futuro negocio. Pero para ser para ser honesto, yo estaba fascinado, ya que una de las mujeres era encantadoramente deliciosa, su nombre era Georgette.

Luego de conversar cosas sin importancia, y ya al cenar, no perdía oportunidad de ver a esta hermosa mujer, cabellera rubia, lindas caderas, cola, piernas, unos pechos que sin ser gigantes estaban muy bien y acorde con su cuerpo, en fin, remataba todo con una mirada de unos impresionantes ojos azules que me erotizaba. Georgette notaba como la observaba y para mi fortuna, no parecía desagradarle. Lo que me llamó mucho la atención es que el esposo parecía no prestarle atención, era como si no existiera, imbécil pensé, ¡esta mujer entrega placer con solo verla!

Luego de la cena, no perdí la oportunidad de mirar con detalle y cierto descaro cada uno de sus atributos, eso si cuidando que no me viera su marido. Le coqueteaba discretamente y le decía muchos piropos agradables. Minuto a minuto, descubría que no le era indiferente. Una vez más, constataba que una mujer hermosa nunca se cansa de que le recuerden su belleza y la halaguen.

Con posterioridad a la cena mi amigo y sus dos socios se levantaron para buscar unas escrituras a la habitación, de tal manera, que debí asumir el rol de anfitrión que no me desagradaba. Me ofrecí a hacer grata la pausa a las dos hembras, una era la rubia Georgette , y la otra, una mujer mayor, también interesante, pero que parecía estar mas entretenida en degustar los vinos que en la conversación.

Era increíble la afinidad que teníamos con Georgette, se mostraba muy agradada con mis halagos y salidas cada vez más audaces, se reía con soltura, y me demostraba que poseía una aguda inteligencia y rapidez en captar cada una de mis observaciones de doble sentido. A la vez denotaba que no era una mujer que fuera feliz con su esposo, algunos comentarios así me lo indicaban, lo cual acrecentó mis asedios. En vista de la afinidad antes descrita, quedamos en que le daría mi número de teléfono, para conversar de vez en cuando.
Regresaron los ya socios y quedaron de acuerdo de visitar las obras al otro día y pasar a buscarlos a sus casas a las 08:30 de la mañana. Cerca de la una de la mañana nos despedimos y me preparé para entregarle una de mis tarjetas en forma disimulada, al acercarme, sabía que era la oportunidad de cerrar la complicidad establecida previamente, y pues, nada perdía con intentarlo, por lo que agregué un toque de osadía, además de mi numero escribí, “Mañana 9:30 lencería negra”. Sólo esperaba que ella leyera la tarjeta y que por su naturaleza despierta, no en presencia de su esposo. No dudé que sería así. Las cartas estaban en juego, solo había que esperar.

Al otro día fuimos a buscar a estas personas, que nos estaban esperando en casa del marido de la que era ya mi obsesión. Georgette se despidió de su esposo y al saludarme en ese encuentro previsto como fugaz, lo hizo de una manera mas que cordial y afectuosa, lo que me animó a continuar con el juego. Procuré que ella se diera cuenta que presentaba una excusa para no seguir acompañando a la comitiva de mi amigos, dije sentirme mal, por lo que iba a regresar al hotel y que ellos fueran sin mi.

Luego de un rato en el hotel pedí un taxi y me hice presente en la casa de Georgette, casi soñando con el sedal lanzado. Cuando ella salió se sorprendió y pensé, no ha resultado, pero como ya estaba en su casa, de alguna manera me hice invitar a tomar desayuno con ella. Curiosamente no me preguntó nada sobre mi malestar. Estaba hermosa, con una falda u una blusa que marcaba su delicioso y bronceado cuerpo. Comenzamos a desayunar y yo la verdad, no pocas veces me quemé la lengua por estar concentrado en mil ideas febriles, más que en el desayuno.

El tiempo pasó volando, charlando con ella de diferentes cosas, la familia, los hijos, su marido y poco a poco el tema se fue haciendo más íntimo. Ella comprendía mis puntos de vista y yo parecía casi adivinar lo difícil de su situación como mujer. Con el paso de los minutos la conversación fue derivando en temas mas calientes, las relaciones sexuales, la frecuencia de las mismas, la calidad, etc... y yo acercándome.

Yo ya estaba muy caliente, de manera que a penas observé una leve insinuación en ella, tal vez su pestañeo sensual, el tenue humedecer de sus labios al mirarme, o el roce de su mano al acercarme un pastelillo, o el conjunto de todo ello, el punto es que me dejé llevar. Me acerqué a su rostro, con el ademán coqueto de darle un beso, a lo que ella respondió con un suave inclinar de su cabeza, nuestros labios se tocaron con timidez, para luego buscar entreabrirse mutuamente, en una lucha de lenguas calientes, que a mi por lo menos provocó una erección casi instantánea. El calor del café era nada comparado con el estrecho cierre de su boca sobre mis labios, su aroma era embriagador. Comencé a acariciar sus brazos, sus piernas, sus pechos... cada vez más audaz. Nos fundimos en un abrazo, palpitantes de adrenalina que recorría nuestros cuerpos en ríadas veloces y enardecedoras. De las sillas, no sé como llegamos al suelo, sobre la mullida alfombra. Ahí recorrí cada centímetro de su piel, mis dedos, mis brazos, mis besos, la recorrían entera, como un explorador curioso que quiere hartarse en poco tiempo del hallazgo tan anhelado. Al principio fui lentamente, disfrutando y haciendo disfrutar, y poco a poco, mas profundamente. Ella empezó a pedir que siguiera y no me detuviera. Cuando comencé a deslizar su ropa, comenzó a aparecer una excitante lencería negra. En ese momento ella me dijo “pensaste que no cumpliría?”, y como única respuesta, literalmente la comí a besos. Instintivamente buscó con su mano, mi cierre del pantalón para liberar mi duro cautivo, el cual empezó a manejar diestramente.
Qué rica sensación, qué calor, ¡¡¡qué gusto!!!, estábamos al borde del éxtasis, con mis manos iba desabrochando su blusa, sin dejar de acariciar su piel por doquier, que se estremecía de placer al sentir mis manos. Su blusa cayó al piso y mis ojos se desorbitaron al ver el espectáculo de sus deliciosos pechos. Cual adorador, me puse de rodillas al piso para con la lengua acariciar su vientre y jalar con mis dientes la falda que ya estaba casi del todo abierta, el placer hacía que nuestros corazones latieran cada vez con más fuerza y me pedía entre jadeos que hiciera con ella lo que quisiera. Le había sacado casi toda su ropa, sólo quedaba una tanguita negra que dejaba ver su creciente humedad. La ansiedad hacía que mis manos no dejaran de acariciar y estrujar esos pechos, sus pezones lucían tan erguidos que resultaba cada vez más excitante besarlos y mordisquearlos como si se tratara de un suculento bocado. Ella tampoco era pasiva, y por eso, quedamos ahí tendidos y entrelazados, ambos desnudos y ardiendo. Mis dedos dejaron un momento sus pechos para bajar a su vientre y luego uno a uno se dedicaron con extrema delicadeza, a realizar un recorrido de aproximación a su caliente sexo. Primero con movimientos circulares, provocando estremecimientos en la perfecta zona del vientre. Su cabeza se dejó caer hacia atrás, entregándose al placer, sus labios dejaban escapar gemidos ininteligibles. Así, abandonada a mis manos, abrí ya sus piernas, y mis dedos se dirigieron raudos hacia su objetivo. Acaricié su sexo, y aprovechando la delicada lubricación, mi índice surcó entre los pliegues de su vulva, de abajo a arriba, buscando su botoncito. Allí asomó el exquisito y turgente clítoris, tímido pero desafiante, reclamando sin duda su dosis de caricias, para devolver placer a su dueña. Nos entregamos al placer mutuo, y nos dedicamos a masturbarnos como si fuéramos amantes de siempre. Muy pronto sentí cómo toda mi leche caliente invadía su vientre, ella también se estremeció y empezó a dar unos hermosos espasmos de placer, nuestros cuerpos se estremecían por el éxtasis y el orgasmo que estábamos sintiendo, luego nos dejamos caer, y con todo el cariño que puede sentir un amante por su pareja nos abrazamos y acariciamos, indicando que todavía no había sido suficiente y estuvimos así repitiendo esa misma hazaña de pasión y amor, por unas horas más, la verdad no había apuro.

lunes, noviembre 20, 2006

Lágrimas traicioneras


El bordeaba los 50 años, de contextura más bien gruesa, peinaba canas, ojos cafes, no se consideraba atractivo, pero según se lo habían manifestado, no eran pocas las mujeres que lo encontraban interesante, por su mirada profunda, su hablar pausado y su voz de tono agradable. Sin embargo sufría de muy baja autoestima, producto de una educación apegada a valores muy tradicionales y a una madre muy estricta y golpeadora.
Se había casado muy joven, a los 21 años recién cumplidos, ella era muy tierna, pero
con una muy mala educación, sin espíritu de superación, más bien floja, descuidada en su presentación personal, y hasta desaseada, pero ambos se habían enamorado con esa fuerza que da el desorden hormonal de la juventud.
Nunca le había sido infiel, y recordaba muy pocos momentos de real pasión y entrega con ella. Así no era raro que siempre fantaseara con amigas o conocidas que le hacían vibrar, pero nunca logró concretar nada con ninguna, más que nada por su exacerbada timidez, la que le hacía abortar cualquier impulso que sintiera.
Con motivo de un trabajo temporal, un día la conoció, era todo lo que él había soñado. Un cuerpo tallado a mano, con unas curvas sinuosas, lejos, muy lejos de las regordetas formas de su esposa, con una sonrisa generosa, joven y bonita, un pelo negro y largo que lucía hasta media espalda, un andar gatuno que le enloqueció, unos labios pequeños e invitadores, unas cejas que le hacían pensar en su pubis, frondoso y ensortijado. Su frescura le hipnotizaba, pasaba horas mirándola; para ella, él no le era indiferente y se le insinuaba de diferentes formas, compartían un solo camarín para cambiarse de ropa antes de salir a trabajar a atender público, varias veces, ella se cambiaba de ropa, frente a él, sin mayor pudor, él solo la miraba, incluso en mas de alguna oportunidad, ella le preguntaba coqueta:
¿te gustan mis cuadros?, mostrándole sus mini tangas, y luciendo sus largas y lindas piernas, él sólo se ruborizaba y nada respondía. Pero luego al atardecer, cuando él se había hecho mil ideas y envalentonado, y se ofrecía a llevarla hasta su casa, ella le decía que no, que tenía otras cosas que hacer. Ese juego cruel de ella, lo tenía loco. Pensó dejar a su esposa muchas veces, pensó en ser infiel tantas otras.
Ese día, a ella se le rompió el cierre de su traje, y quedó prisionera del mismo, con el cierre trabado a medio camino, sin poder ni subir ni bajarlo. Estaba claro que no podía atender público con el cierre así, y no podía sacarse el traje para mandar a repararlo ya que el dichoso cierre no lo permitía. Le pidió ayuda a él, quién trató de bajar el pequeño mecanismo con manos temblorosas y torpes por el nerviosismo casi de adolescente que le producía estar tan cerca de ella y a medio vestir. Sus intentos lo único que lograron fue abrir el cierre por debajo del carro, hasta sus rosados y pequeños calzones, pero no bajaba ni un centímetro, ella con una cara mezcla de angustia y picardía le pidió que le sacara el traje como pudiese. Logró sacarle la parte superior del traje tipo buzo de mecánico, pero sin brazos y sin espalda, pasando la parte del cuello por sobre su cabeza, rozando y oliendo ese pelo negro y largo, con olor a manzana que le llegaba a lo mas profundo de su ser, y logró bajar el traje hasta su pequeña cintura, dejando a la vista, unos sostenes minúsculos, de media copa que mas que sostener, resaltaban la redondez y turgencia de esos senos preciosos que él deseaba besar y acariciar, pero que mantenía a unos respetables 20 centímetros de su cara. Sus caderas amplias impedían que el traje bajase mas allá de esas deliciosas curvas, ella se ponía cada vez mas nerviosa, la hora de atención al público se acercaba ya cada vez mas de prisa, y debía concurrir, si no se lo descontarían. El ya no sabía que mas hacer, una muy fuerte excitación ya se hacía notar en su pantalón, ella le dijo imperiosa:
¡Bájalo como puedas!.
El, muy obediente, tomándola por la cintura, la situó frente a si mismo, muy juntos, rodeó su cintura y puso sus manos suavemente en los glúteos de ella, por debajo del traje. Sus manos parecían querer derretir la piel de ella. Ya ni respiraba, anhelante y palpitante como estaba, como si no quisiera romper ese contacto de supremo éxtasis. Ella, dejaba hacer y trataba de ayudar, moviendo sus caderas, en un movimiento muy sensual. El comenzó a presionar con sus manos hacía si, hundiendo sus dedos en el suave, blando y deleitoso trasero, para hacer espacio para que bajase el traje. Así, la mini tanga comenzó a bajar junto al traje, muy lentamente. Cuando él se percató de aquello, cortésmente le pidió que se afirmara la mínima prenda para que no bajase junto al traje.... y debió parar. Sintió que entre sus piernas, ese sólo encuentro supremo de sus pieles y las mil imágenes retenidas en esos breves instantes, había hecho erguirse su herramienta atormentada. Estuvo a punto de acabar, con solo tener en sus manos ese trasero joven, pulcro, rosado y misterioso, perfumado a mil manjares. Una vez más se repuso.... y terminó de bajar el traje, quedando ella sólo vestida con sus diminutas prendas. Allí emergió ella, en su magnificente desnudez. Su piel perfecta, sus formas maravillosas, y mirándolo en dos segundos interminables, como en un acto de entrega formal y sutil.
No pasó nada más. En realidad si, él volvió a su casa aquella noche, miró a su esposa, que yacía en el lecho. Le besó tiernamente en la frente, y se durmió con lágrimas traicioneras en los ojos, pero con una sonrisa de satisfacción.

lunes, junio 05, 2006

Noche de pasión prohibida


(Nota: este es un final alternativo o complementario a una historia anterior, que de seguro no os acordáis. Si quieren verla, hagan click aquí...)

La muchacha sintió como la verga se alzaba nuevamente, volvía a endurecerse, repletando su boca, casi hasta su garganta. Se deleitaba estrujando aquel preciado objeto con su lengua, mientras su cabeza se movía arriba y abajo, brindando una cobertura completa al miembro, desde su base hasta el glande. La punta de su lengua palpaba el ojete y recorría la sedosa superficie, de la cual manaba ya un abundante y suave líquido. Ernesto gozaba con el espectáculo. No podía creer su fortuna. Milena, su joven cuñada, le estaba dando una de las mejores mamadas. Abrió más sus piernas, de manera que su verga quedara aún más libre para su amante. La lengua de Milena paseaba gustosa cada rugosidad de su miembro, mojando con su saliva caliente cada palmo de la herramienta. Luego bajó, hasta sus bolas, metiendo en su boca primero una, mordisqueándola suavemente, y luego la otra, produciendo un placer infinito en el hombre, mientras una de las manos de la joven mantenía la verga en constante movimiento... Ernesto podía ver que la otra mano de Milena se perdía entre sus propias piernas, agitando los dedos contra su clítoris.
-No me hagas acabar todavía, bebé... susurró Ernesto, sintiendo que el masaje era demasiado efectivo.
Milena, obediente, aflojó el roce y besando la punta, se levantó. Se puso a horcajadas sobre su amante, y abriendo su vulva, comenzó a sentarse sobre el miembro, que presto al servicio, se mantuvo enhiesto, muy tieso, penetrando lentamente en el forado caliente. Ella comenzó su dulce empalamiento, subiendo y bajando cadenciosamente.
-Ah, aaah, gemía Milena, sintiendo como se abría su vagina, y como esa verga soñada, ahora era suya, y entraba a conquistar lugares recónditos, explorados solamente en sus noches de placer solitario. Su cabello se arremolinaba, a cada movimiento de su cabeza, presa como todo su cuerpo, del vértigo sensual del amor adulto. Se inclinó hacia su cuñado y se besaron ardientemente. Sus lenguas se entrelazaron, se acariciaron, intercambiando sus salivas calientes. La lengua dura de Ernesto comenzó a imitar el ritmo de la penetración, por lo que Milena sentíase follada por arriba y por abajo, acompasando su cuerpo en un baile de subido erotismo. Ernesto la tenía asida por la cintura, ayudando a mantener los movimientos pélvicos de Milena. Sabiamente, deslizó una mano hacia la quemante comisura de los labios vaginales untando un dedo con los lubricantes que afloraban en la zona, y luego lo hizo viajar por el mullido culo de la muchacha, entreabriendo sus nalgas y acariciando el pequeño esfínter. Cerró sus ojos y se representó la imagen. Su dedo medio recorría la tersa piel, presionando el orificio suavemente, una y otra vez, hasta el momento en que éste dio muestras de ceder. Entonces se introdujo levemente, esperando alguna reacción de la joven. Por un instante, el hoyito permitió la entrada, para luego apretar su dedo y enseguida volver a soltarlo, junto con un quejido. El paso estaba franqueado, de modo que Ernesto mantuvo su dedo jugando en el delicioso lugar.
La explosión orgásmica los sacudió al unísono. La joven comenzó primero, una vibración comenzó a expandirse desde el centro de su sexo, y la recorrió, como ondas en el agua, hasta el último rincón de su cuerpo y de allí se devolvió violentamente, haciéndola soltar desde lo más interno, un río de efluvios, un torrente de jugo, que chocó, en un impacto frenético, con los jugos de Ernesto, expulsados a chorro hacia el interior de Milena. Luego, la ola bajó, bañando la verga de su amante, y corrió por la piel de éste, hacia las sábanas.
Ambos, exhaustos, quedaron abrazados, la una sobre el otro, unidos no obstante por la verga del hombre, que aún rígida, no quería salir de su caliente refugio.
-Me has hecho gozar como nunca en la vida, Ernesto..., susurró Milena al oído del hombre.
-he sentido un placer tan exquisito... ¿Siempre es así? ¿así fue en la noche de boda con mi hermana?
-bebé, dijo Ernesto, no siempre se goza igual. Pero te juro que hoy ha sido increíble. Esa noche fue estupenda, pero tanto yo como Julia, éramos un poco inexpertos, de manera que nos limitamos a amarnos de manera muy clásica, podríamos decir... ella abajo y yo arriba, la penetración un poco brusca de mi parte, en fin, los dos estábamos recién despertando al sexo....
-Claro, entiendo. Dijo Milena, besándolo en los labios. Pero ahora que tienes madurez se ve que te has convertido en un maestro.... me has dado con todo. ¿o puede ser aún mejor?, ¿puede haber más formas de gozar?
-Mi preciosa muchachita, debo decirte que el placer tiene mil caminos, tu cuerpo es un instrumento musical intacto aún, del cual se pueden extraer melodías infinitas. Ojala que cuando te cases, o al menos tengas nuevas experiencias, lo hagas con un virtuoso, que sepa hacer vibrar cada cuerda de tu cuerpo, verás que uniendo tu experiencia, lograrás goces deliciosos. Le contestó Ernesto, acariciándole un pezón.
-Pero eso será en mucho tiempo más, cariño, porque deseo que me enseñes más, mucho más.... Quiero explorar mi goce, saber hasta donde puedo llegar. Esta noche sentí cosas exquisitas, que no sabía que estaban en mí. Y tengo gran curiosidad por seguir. ¡Tu serás mi guía!. Exclamó al tiempo que lo besaba, y tomaba su verga, extrayéndola de su sexo. Conservaba aún cierta respetable erección, que la admiró. Su boquita inquieta bajó y abrigó una vez más el miembro, tratando de enjugar los restos de néctar.
-Milena, loca, no, no, no sigas por favor, que está amaneciendo... clamó Ernesto, ahora preocupado.
-Bueno, pero, prométeme que esta noche volverás a mi cuarto. Dijo Milena, mirándolo fijamente, con sus manos en las perfectas caderas, en un gesto de pretendido enojo.
-pero, bebé. Balbuceó el hombre. Tengo que dormir también...
-No sé, tienes que venir. Cómo lo harás no sé, no es mi problema. Yo quiero una segunda lección. Si no vienes, le contaré a mi hermana que...
No, calla. Interrumpió Ernesto, no se te ocurra, esto quedará entre nosotros, debe ser un secreto, para siempre.
-Si, cariño, para siempre. Además quedan muchas noches por delante...

lunes, abril 17, 2006

Asignatura Pendiente (Al fin, el final...)


-Ahora estamos prácticamente solos. ¡Que mirada tienes! Le dice ella.
-¿Como es mi mirada?
-Penetrante y oscura...contestó Andrea.
-Te da miedo mi mirada? Dijo Alonso, mientras se acerca más. El sabe que no va a huir...Ella se queda quieta, esperando que el dé el primer paso...
Alonso queda a centímetros de su cara y le dice:
-Te voy a besar, no me vas a pegar?
Andrea sonríe...
-No lo haré, con la condición que no demores más...
El la besa apenas rozando sus labios.... Andrea ya solo quería sentir esos besos ardientes… pero sabía que el ritmo lo iba a imponer él…
No sabía que era hermoso creer en el placer de esa forma de amar, no era rápido y fugaz como sus otros encuentros amorosos.
El sabía muy bien lo que hacia, cada estremecimiento o gemido de Andrea le indicaba que sus caricias iban bien encaminadas.
Después de un buen rato, él le abre el jeans metiendo sus dedos en el rincón más húmedo de ella. La mujer gime y se retuerce, por fin la libera de la polera, y ahora es ella que con sus manos ávidas de deseos, replica lo que las manos de Alonso le hacen. Darle un infinito placer, sin apuro y con todas las ganas.
Alonso la guía sin pronunciar palabra, le toma la mano y la dirige a su expectante protuberancia.
-Tócame niña!!!!Te estoy esperando, no sabes como he ansiado este momento y no puede ser mejor. Andrea dio una larga respuesta a esa petición anhelante. Se regocijó de sentirlo tan grande y de que ella provocara semejante erección.....
Se sintió tan bien con aquel hombre, que no le importó mas nada, si alguien los veía...o los escuchaba, no importaba, el mundo se detenía para los dos….
Siguió un ritmo pausado, disfrutando el momento que se les regalaba.
Alonso estaba absorto en el masaje que le propinaba Andrea, tan suave y delicado. Ella le bajó sus jeans con brusquedad inusual, sin ocultar su pasión:
-Quiero sentirte!!!! Le dijo al oído, aferrándose a él como para salvar la vida. No quería soltarle, no quería que escapase dejándola sola.
Alonso terminó de sacarse los jeans, mientras ella le miraba ansiosa.
Esa maniobra le costó un poco pues no podía hacerlo más rápido, y en saberse un poco ridículo por la situación, decidió complementar lo cómico, con el deseo...
- Mira lo que me haces, ni siquiera soy capaz de hacerlo correctamente, diciendo esto se echó a reír, para bajarle un poco el perfil...
Ella lo siguió divertida: -Tengo todo el tiempo del mundo!!!! Sin sacarle la vista de encima a un ejemplar semejante.....
- Me gusta mirar, y esto es lo mejor que he visto en mi vida......
Y sin decir más, se acercó y le besó su virilidad empapándose de su propia saliva para poder sentirlo de manera suave y sin herirle de alguna forma.
Los gemidos de Alonso eran la más agradable melodía que ella había escuchado. El empujaba suavemente sus caderas hacia Andrea, para que ella pudiera tener acceso a toda su verga...
El disfrutaba cada movimiento, pidiendo, exigiendo más.
Al sentir sus súplicas apasionadas, ella se frenó y al tiempo que recorría su miembro con la lengua, Andrea le dijo:
-Quiero que te masturbes para mí, pero quiero que me mires a mí, quiero ver tu cara, pero no te acerques, déjame sentir tu excitación.
Alonso no pensó en tremenda propuesta, pero sin reparo lo hizo muy lentamente, subía y bajaba con mano experta. Latía su virilidad al tope, sentía que ya no podría aguantar mas, pedía, rogaba que ella hiciera algo en ese momento.
Andrea supo de inmediato que el reventaba por poder tocarla, asi que con suave sutileza, abrió sus muslos a esas alturas muy calientes, y con un movimiento sensual entreabriendo y cerrando sus piernas lo invitó a tomarla...
Sin decir nada mas, él se abalanzó hacia su presa atrapándola y bebiendo cada jugo que de ella manaba.
La penetró tan profundamente que aquello parecía más un ataque que un acto de pasión o amor. Sin embargo, ella no hizo sonido alguno, al contrario, se entregó con tanta pasión que no supo si hubo algún dolor, solo presintió que esperaba mas, mucho mas y a cambio de eso, le dio todo. En ese momento quería que el supiera de que era capaz con su deseo tanto tiempo contenido.
Gemía y pedía más, que no parara...tomaba su cabeza entre sus manos como ayudándole a meterse mas adentro. Alonso sin decir nada, sumido en su tarea siguió dándole y dándose placer, hasta que sintió un espasmo con tal fuerza que no pudo contenerse…
Ensimismado golpeó con pasión, hasta llegar al final de sus fuerzas. Su orgasmo fue el resultado de que su semen saliera a borbotones por las paredes que en ese momento lo acogían. Andrea le siguió envuelta en la misma locura y arrebato... sin saber cómo, ambos se derrrumban sobre el heno, desnudos y resumando un vaho embriagador.
Su cabeza cansada se fue a recostar en un hombro de Andrea. Ella a su vez lo besó tiernamente diciéndole: no sabes lo que haz despertado en mí!!!
El la escucha atentamente, y le susurra: lo que he despertado en ti, siempre ha estado, era saber como hacerlo para sacarlo a la superficie y ya lo ves !!! Ahora no hay fronteras para tí... cariño.
Sus labios sellaron la noche y ambos supieron que ya no habrían asignaturas pendientes.

Fin