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miércoles, octubre 04, 2006

Mature sex


Esto que estoy escribiendo sucedió hace ya casi un año. Estaba navegando por Internet, en una página de contactos, estuve viendo a varias candidatas, con la convicción de que sería como todas las veces que intentaba contactar a una dama. No creí que me contestaran, pero me llevé una sorpresa, pues en esa ocasión me respondió, y lo primero que hice fue tratar de ponerme en contacto con ella. Por medio del MSN.

Al momento de abrir el MSN, me di cuenta que está en línea y empezamos a conversar, de todo la idea era conocernos un poco. Y ahí mismo hicimos una cita para ir a tomar un café.

Cuando pasé al lugar donde nos quedamos de ver me doy cuenta que a pesar de la edad que me dijo que tenía (53 años), se veía bien, claro no un monumento, pero para la edad que tiene se ve bastante bien. Nos fuimos a un café, ahí seguimos platicando de nosotros, donde trabajamos, y cosas así, hasta que poco a poco llegamos al tema del sexo.

Me comentó que ella era divorciada desde hacía 20 años, y que desde entonces no había tenido pareja, pero claro que había tenido relaciones sexuales, pero no con la regularidad que le hubiera gustado, pues la educación familiar no se lo permitía, y después del divorcio se convirtió nuevamente en hija de familia. Pero había descubierto hacía poco tiempo que la sexualidad a la edad madura también existía, y quería darse la oportunidad de vivir su sexualidad más activamente.

Después de esa cita, nos volvimos a ver nuevamente en dos ocasiones más, donde seguimos platicando sobre nuestras experiencias sin entrar a detalles, pero con el interés de ver hasta donde podríamos llegar. Y finalmente llegó el día en que decidimos que podríamos tener un poco más de contacto físico, ella es tímida así que tuve que tratarla con mucha delicadeza y esto fue lo que sucedió.

Nos vimos un viernes, la pasé muy, pero muy rico, disfruté de una muy agradable charla, platicando abiertamente de lo que me gusta y por lo que me di cuenta a ti también, aunque llegó un momento en que no sabía como actuar, si dar el paso decisivo, no quería estropear, la velada, incomodándola, hubo un momento en que creí que no iba a pasar nada de lo que pasó, pero finalmente di ese paso, que tanto quería dar, ese primer beso, me volvió loco, y la forma en que respondiste, me dijo que, tú también anhelabas que pasara lo que pasó.

Describo, lo que según a mi entender pasó:Iniciamos una buena charla, acompañada de un vinito, la plática se volvió un tanto candente, y después de un rato, te pedí que si podía tocar un pezón, creo que has de haber dicho que, qué pregunta, hazlo y ya, pero te repito no quería perder el encanto del momento.

Cuando por fin me acerqué a ti, y empecé a tocarte suavemente, y tú te quedabas viendo hacia otro lado, no sabía como interpretar eso, así que decidí tomarte de la barbilla, volverte hacía mí, y pegar mis labios a los tuyos, esperando que hubiera correspondencia, bummmm, sucedió, se prendió la mecha, esa respuesta tuya no la esperaba de esa forma, pero me gustó mucho, nos abrazamos, y nuestros cuerpos se juntaron. Sentir que mis manos podrían ir explorando tu cuerpo, cuando mis manos empiezan a desabotonar tu blusa, el ver que mis manos, pueden tocar tus senos sentir tu piel, cuando te pido que nos paremos y así poder sentir tu cuerpo en plenitud, y poder acariciar tus nalgas, tu entrepierna, y tu vulva por encima de tu pantaleta, sentir como te estremecías, y clavabas tus uñas en mi espalda, me prendió más aún, tú estabas a una temperatura muy deliciosa, pero tu timidez, no te permitía tocarme, tuve que tomar tu mano para acercarla a mi pene, lo tocaste muy someramente, no se si te daba pena, pero yo estaba deseoso de que tú también me acariciaras de la misma manera que lo hacía yo, pero supuse que tu timidez no te permitiría ir más rápido.

Seguimos besándonos de una manera ardiente y suave a la vez, en un abrazo del cual solo se veía una sola persona. Yo deslizaba mis manos por tu espalda, por tus nalgas, tratando de apreciar la ranura de esos cachetes, intentando meter los dedos entre ellos, fue entonces que decidí quitarte los calzones, y finalmente logré tocar tu nido de amor, jugoso, listo para ser atacado, por un pene hambriento. Desde ese momento mi boca se turnaba entre tus senos y tu cuello y tu boca, quería seguir en un abrazo interminable. Me retiré un poco y saqué mi pene para que lo pudieras tocar mejor, así como yo te estaba tocando tu interior, metiendo los dedos en esa cueva de placer.

Nos fuimos a la cama, cuando estuvimos totalmente desnudos, solo pensaba en poder saborear ese dulce aroma de tu intimidad, un aroma embriagador, suave, delicioso, me di cuenta como te estremecías después de cada vez que pasaba mi lengua por el lugar encantado, tú ya un poco más animada, me acariciabas la verga de una manera muy sutil, y yo seguía besando tus labios, tratando de penetrarte con mi lengua, y dándole unos toquecitos a tu clítoris, y sentir como te estremecías me daba un vuelco en el corazón, fue entonces cuando te pregunté que si querías que te la metiera, has de disculpar tanta pregunta y el pedir permiso, para penetrarte, pero quería estar seguro de que tú también deseabas lo mismo que yo. Fue así que entre en acción, te puse boca arriba y yo entre tus piernas, las alcé, y dejé al descubierto tu cueva, pasé mi verga por tus labios, para que con tu lubricante natural se impregnara y pudiera entrar de un solo golpe, uufffff, como disfruté el momento cuando mi pene entró en esa cueva tan linda, lubricada y deseosa de recibir mi trozo. Empecé a bombear, y ver tu cara de satisfacción, que rico, que placer tan delicioso, después de un rato te pedí que te voltearas, para penetrarte desde atrás, quería darte una penetración profunda que ni un pedazo de carne quedara fuera, que mis huevos tocaran con tus labios, tú te movías para recibir cada centímetro de mi verga, que intensamente lo recibías, mmmmm. Poco a poco, se fue acercando mi orgasmo. Y así, después de unas cuantas embestidas, te anuncié mi venida. Y qué venida¡¡ tenía mucho tiempo de no sentir esa sensación tan exquisita. Fue un torrente, que tú recibiste con delicia.

Solo espero que se repita otra vez, no se si podrá ser pronto, o no, pero si se que me gustaría mucho que se repitiera.

(Un aporte de Dj Sonic)

martes, agosto 22, 2006

Un sueño cumplido


Cuando escuché que esa noche llegaban mis tíos, me emocioné. Vería a mi tía. Ella era una mujer absolutamente madura, cuarentona muy bien conservada, y se notaba que lo pasaba muy bien con mi tío, el hermano de mi madre. Es más, siempre en las conversaciones que escuchaba de mis padres, ellos comentaban que bien se veía mi tía, y que se notaba que su marido la mantenía bien. Mis padres se reían, dando a entender en su doble sentido, que el plano sexual era saludable. Pues bien, siempre que tenía ocasión de verla, a partir de mis 16 años, trataba de descubrir algo más, en su escote, en su falda, o imaginar sus calzones bajo sus jeans, en fin. Era de piel muy blanca, una cabellera trigueña, y de facciones muy atractivas. No era delgada, más bien rellenita, al estilo de esas mujeres maduras que abundan en los cuadros antiguos. Tenía una sonrisa muy agradable, y me trataba con mucho cariño. Cada vez que me veía me decía verdaderos piropos, como que grande estás sobrino, que alto, como has crecido, etc. Y yo pensaba, si tía, y vieras como me ha crecido también, como me gustaría mostrártela, tiita.

Y ahora la tendría de nuevo en mi casa. Llegaron cerca de la medianoche. Mis viejos les sirvieron unos tragos y algo para comer. Yo estaba con pijama, y cuando llegó ella, me saludó como siempre con un abrazo cariñoso. Pero esta vez, me atreví a estrecharla un poco más de lo usual. Mi verga también estaba un poco más consistente de lo habitual, así que procuré que la sintiera. Su cuerpo me estrechó y noté que mi herramienta se ubicó muy precisamente en medio de sus muslos, en el vértice que era mi sueño. Fue solo un par de segundos, pero mi verga se congratuló de estar allí. Ella sin duda lo sintió, pero no dijo nada, se separó y mirándome me dijo: está cada vez más grande mi niño… Sus palabras me estremecieron. Sus hermosos ojos me taladraron y sentí que me enamoraba.

La charla se desarrolló en base a cosas triviales, mientras yo me mantenía en un discreto lugar secundario, mirándola y soñando con cada línea de su cuerpo. Envidiaba a mi tío, que en un poco rato más se iría a dormir con ella. Y además en mi cama, que les debía ceder por esa noche. Sin duda, esa situación la disfrutaría más tarde, cuando ellos se fueran, y yo volviera a mi cama, imaginaría su cuerpo en mi lecho….ah, que paja me correría. Estaba hermosa, y la encontraba más sensual que nunca, de vez en cuando sus bellos ojos me miraban, y me derretía. Llegó la hora de acostarse. Mis tíos fueron a mi cuarto, y yo a dormir en la pieza de mi hermano. Que panorama… No podía dejar de pensar, mientras me disponía a dormir, en mi tía, metiéndose en mi cama, rozando mis sábanas con su piel suave. Y me imaginaba como luego estaría al lado de mi tío. Me levanté y golpeé a la puerta de mi cuarto. Pase, dijo mi tía, que efectivamente ya estaba en mi lecho. Pero aún sola, pues mi tío no volvía del baño. Permiso, tía, voy a buscar algo en mi ropero… le dije. Si pasa no más, me dijo ella, que cepillaba su pelo.

Abrí mi ropero, dándole la espalda a mi tía. Sentí que ella me miraba. Y lo confirmé mirando de reojo por el espejo del interior del ropero. Mientras se cepillaba, me miraba de arriba abajo. Su camisa de dormir se entreabría por un botón que no estaba abrochado, y se alcanzaba a ver la suave redondez de un pecho blanquísimo. Con esa sola visión, mi verga se puso dura. Bastaba eso para ponerme a mil y darme ganas de corrérmela. Ya tenía suficiente por esa noche. Sin embargo, me detuve más rato, haciendo como que buscaba algo. Ella me miraba, y se sonreía, con cierta malicia. No se si era mi imaginación, pero creí ver cierto atisbo de picardía en la forma que me miraba. Sobrino, venga para acá. Me dijo. Mi corazón se paralizó. Ssssi tía, ¿qué quiere? le dije, mientras me daba vuelta hacia ella. Siéntese aquí, dijo tocando con su palma el borde de mi cama. Me senté a su lado, y allí me di cuenta que mi verga levantaba groseramente mi pijama. Perdone, tía, balbuceé, tratando de ocultar lo imposible. Ja, ja, ja, sonrió suavemente mi tía. Mi sobrino grande, no seas tontito, si es natural que sientas cosas. Me dijo. Al fin estás en la pubertad, no? Si, pero…, es que..., me comportaba como un estúpido, no sabía articular palabra.
Ella me acarició la cabeza con una mano, mientras con la otra se cerraba su blusa. Hace varios meses que no nos veíamos ¿cierto?, me dijo. Y como has cambiado, si ya eres un hombre… Me sonrojé,. No estaba acostumbrado a conversar con chicas, y menos con una mujer madura, que era la mejor de mis fantasías. Mi verga no decrecía, era como si se mandara sola, independiente. Si, sobrino, me di cuenta cuando me abrazaste, pero ¿por qué te pusiste así?. No me dirás que es por mí, ¿no?... me preguntó, con una encantadora sonrisa. Quise decirle que si, que era por ella, que ella era mi sueño erótico juvenil, que tenía ganas de lanzarme sobre ella y darle lo que tantas veces hice en forma solitaria. Pero solamente la miré, tan tímido como siempre, con una sonrisa estúpida.
Mi niño, me dijo, abrazándome y apretándome contra su pecho. Mi cara se hundió en su hombro, respirando su exquisito aroma. La abracé inconscientemente, la apreté con mis brazos, soñando que estuviera desnuda. Fueron unos segundos felices, que mi verga agradeció soltando pequeñas gotas. Al fin y al cabo, era una situación nueva, muy cercana a mis sueños, allí los dos en mi cama… Me dieron ganas de besar su cuello, su oreja, que tenía tan cerca. Mi boca también actuó sola, mis labios besaron tímidamente su cuello. Ella no dijo ni hizo nada. Luego besé el lóbulo de su oreja. Mi respiración caliente, y entrecortada, me delató definitivamente. Sobrino, que lindo eres. ¿Por qué haces eso?, susurró levemente. Pero no me detuvo. Mi boca recorrió su cuello, hacia atrás, hacia su nuca, como siguiendo la ruta de su perfume. Levanté su cabellera, y sentí que ella se abandonaba. Un suspiro me indicó que algo pasaba. Sus brazos me atrajeron más hacia si. Mis manos recorrían su espalda, sin saber qué hacer. De pronto sentí una de sus manos en mi verga. Y acto seguido, meterse bajo mi pantalón y aferrarla. Su mano estaba caliente. Mi falo respondió con un respingo mayor, aumentando su vigor. Que sensación tremenda. Mi tía me agarraba la verga, tal como lo había soñado tantas veces.
Que grande está mi niño…, me dijo, dándome un masaje glorioso. Pero fue tan fugaz, como eterno. La soltó y se separó de mí. Bueno sobrino, que tengas buenas noches, dijo, al tiempo que me besó en la frente, y dándome un zamarrón en mi pelo, me despidió. Me levanté y me fui a mi cuarto, al tiempo que mi tío avanzaba por el pasillo, a su cuarto. Chao campeón, me dijo. Hasta mañana tío, le dije, lleno de envidia, pero feliz. Esa noche me hice la mejor corrida en mucho tiempo. No podía dejar de pensar en lo ocurrido. Mi verga tenía estampada la mano de mi tía, la sentía aún. Era extraordinaria la sensación. Y no pude dormir...

viernes, mayo 12, 2006

La señora madura


Desde hace algún tiempo, antes de ir al trabajo, me detengo en una tiendita a comprar algo para el camino a mi labor. Desde que empecé a frecuentar dicho lugar, que está cerca de donde tomo el camión, noté que la señora que la atendía me trataba muy bien.Cada que entraba a su tienda, sus ojos se iluminaban y me veía como una escolar. Esto creo que me hubiera emocionado bastante si hubiera sido una escolar, porque apenas tengo 18 años, y la señora se veía que ya pasaba los 40.
Esto en ocasiones era casi molesto, como me sonreía y se sonrojaba cuando tocaba mi mano para darme lo que pedía o el cambio.
Por un tiempo dejé de pasar a esa tiendita, y es que me sentía bastante incomodo el que me mirara de esa manera. El tiempo que dejé de ir estuve pensando mucho en la señora, estaba casada y tenia un hijo en la secundaria de por ahí, en las mañanas cuando yo pasaba a comprar, ella sola era la que atendía la tienda, porque su esposo al parecer se iba a trabajar, y era el, quien la atendía en la noche. No entendía porque se emocionaba conmigo tanto, creía que era con todos pero cuando estaba comprando yo, y entraba alguna otra persona no ocurría lo mismo.
Después que pasaron unos 3 meses que dejé de ir, volví ahí a comprar. Al verme sus ojos se iluminaron. La verdad, pensé en jugar un poco con ella y cuando le di el dinero para pagar, tomé su mano y la acaricié un poco. No la movió ni la quitó. Después la solté y le dije gracias. Me dio cosa verla a la cara, así que me fui lo mas rápido posible. Toda la noche estuve pensando en su reacción, así que antes de estar equivocado haría otras pruebas para ver si lo que creía era cierto. Al siguiente día, le pedí un refresco, los refrigeradores estaban hasta el fondo de la tienda y generalmente las personas van y los toman, era casi innecesario que se lo pidiera. Pensé que me diría que lo tomara yo, pero sin decir nada me sonrió y fue al final de la tienda, como era temprano no había nadie mas comprando. Fui tras ella a los refrigeradores, cuando se volteó para tomar el refresco que le pedí, tomé su mano y le dije; ese no. Moví su mano a otro refresco, y le di un repegon en sus nalgas, no hizo nada, solo tomó el refresco y me lo dio. Estaba súper nervioso cuando salí de la tienda, me escondí en un árbol, por que creí que iba a llamar a alguien y decir que la estaba molestando, pero nunca pasó. Al siguiente día compré unos cigarros, cuando me los dio, ella me preguntó: Hoy no quieres una Coca-cola? No supe que responder en ese momento, solo moví la cabeza diciendo que Si. Fui tras ella, y antes que abriera el refrigerador, con una mano tomé su cabello y con la otra la cintura y me le pegué con todo el pene erecto. Ella sujetó mi mano y la besó, me sorprendí con su reacción. Pero de golpe se soltó y corrió a la entrada, fui tras ella preocupado que llamara a alguien, pero solo corrió a cerrar la tienda. Cuando la cerró me sentó en la sillita donde despachaba, y con gran desesperación desabrochó mi pantalón, sujetó mi pene y lo comenzó a chupar como si fuera su paleta. Parecía una aspiradora, lo hacia con mucha fuerza. Yo gozaba al verla disfrutar de mi verga. Después se paró, se quitó la tanga que tenía, se levantó la falda y se sentó sobre mi. Aunque la señora estaba madura todavía apretaba su cosita, ya estaba súper mojado cuando se sentó. Se movía como una loca, mientras yo le sujetaba las tetas y se las estrujaba con fuerza. Como vi que le gustaba, comencé a embestirla con mucha fuerza para que gritara. Su cara hacia miles de gestos, y gemía mucho, me preocupé que llamara la atención con tantos gemidos, pero después no me importó. Con lo caliente que estaba. Parecía que la metía en algo muy mojado, después ella comenzó a gritar, le tapé la boca y traté de acallar sus gritos. Tomé un pedazo de tela con el que limpia, y se lo metí a la boca, para que se callara, cada vez que gritaba yo se la metía mas fuerte, cuando estaba mas caliente y a punto de venirme, la saqué de su vagina, todo mi pene estaba lleno de sus fluidos, la hinqué y me la empecé a jalar, hasta que eyaculé en su cara, todavía como un animal ella chupó mi semen y le comió como si fuera un néctar dulce. La hice a un lado, ella se quedó tirada inhalando y exhalando, pasando sus dedos en su cara mojada y chupándolos, yo salí, abrí la puerta de la cortina de la tienda, pero antes ella dijo: espera.
Corrió por su bolso y sacó unos billetes, los metió a mi pantalón y después acarició mi pene por encima del pantalón, y dijo adiós.
Todavía sigo con esa sensación extraña. Cuando me acuerdo no puedo creerlo, esto ya hace 3 semanas y todavía no se si debo volver a ir. Talvez vaya el lunes, si voy prometo contarles que sucedió con mi segundo encuentro. Eso si, a pesar de estar madura, se mueve como una perra caliente.
Publicado por Manzo, en http://encuentros.blogspot.com/ 7de noviembre 2005

lunes, diciembre 05, 2005

Mi tía de película (Cap.V Un final que perdura)


Ahora que escribo esta historia, recuerdo la primera mañana en que nos amanecimos: nos encontramos los dos tumbados en su propio lecho matrimonial. Fui el primero en despertar, lo cual me permitió admirar, en medio de la penumbra, el escenario del fogoso encuentro. El cuerpo hermoso de mi tía, estaba tan cercano a mi, que podía admirar con detención cada línea de su figura. La noche había sido tan intensa, que mis ojos no habían alcanzado a detenerse en observarla. Ciertamente era hermosa, sus facciones de mujer madura, eran muy atractivas, sus labios, de carnosidad abundante, eran coronados por una hermosa nariz, cuyas aletillas pulsaban a cada respiración. Su cabellera trigueña, desordenada, rodeaba sus hombros de nácar, haciendo un hermoso marco a un par de pechos relativamente pequeños, pero turgentes y rematados por dos hermosos pezones, de suave color rosa pálido. Lucían juveniles. Mas abajo, su vientre albísimo, terminaba en un pequeño triángulo de vellos, perfectamente rasurado de manera que formaba un armonioso dintel a la entrada de su sexo. Yacía ahora, muy dormida y abandonada sobre la cama, de tal forma que uno de sus muslos se apoyaba casi sobre mis caderas, dejando entreabierta aquella maravillosa puerta. Me erguí ligeramente para observar mejor aquel delicioso rincón: sus rosados labios, entreabiertos, mostraban aún el brillo de una humedad reconcentrada, evidencia de la agitada noche que habían experimentado. Un tropel de imágenes febriles, acudió a mi mente. No podía convencerme de la lujuriosa experiencia, pero mi verga, a la luz de las primeras luces de la mañana y a la vista de tan preciado cuerpo, ya comenzaba a despertar, y sentía que pedía su desayuno. No quise pensar mas, y me levanté cuidadosamente, procurando no despertarla. En el cuarto de baño, me senté bajo la ducha tibia, y me dejé acariciar por el agua… mientras de modo natural, mis manos comenzaron a jugar con mi verga, estimulada por el chorro, que caía con fuerza sobre mi…Así no me di cuenta, que las suaves manos de mi tía reemplazaron las mías. Ella estaba allí, bajo el agua, frente a mi… jugando con sus diestras y hábiles manos, estimulando cada centímetro de mi arma. Nos besamos, largamente, ella hundiendo su lengua deliciosa en mi boca, paladeando cada beso… Abrí mis piernas, ella hizo lo mismo con las suyas, pasándolas. La abracé y besé en el cuello, mientras sentía como una de sus manos enderezaba mi verga enhiesta, apuntándola a la entrada de su puerta…. Sus labios inferiores, perfectamente entrenados, se abrieron de par en par, permitiendo que el pasajero avanzara con total libertad hacia la gloriosa profundidad de ella. Y así, en ese perfecto acople, empezamos un cadencioso ritmo. Se movía deliciosa, mi arma calzaba perfectamente en su cavidad, deslizándose en un roce arrebatador a lo largo de aquel acogedor túnel.-metelo, asi, asi…. Niño mio…. Me gusta assssi.. gemía, sin dejar de moverse con suavidad.
Sus ojos entornados por la pasión, me miraban fijamente…. Sus labios, entreabiertos, eran humedecidos por su lengua… su rostro entero estaba crispado por la excitación.
-Ahhh, me encanta… tu … verga, cariño…. Assssii, mas, maaasss, susurraba a mi oído, como me haces gozar, rico….
Cada palabra suya acrecentaba mi propio placer. Mi arma, endurecida, se agitaba en su interior, hurgando hasta el más recóndito rincón de su vagina, rescatando vibraciones y estremecimientos en cada embestida. Nuestras gargantas resonaron al mismo tiempo en un gemido brutal y portentoso: ambos acabábamos al unísono, en un torrente de líquidos, besos y caricias. El agua, que caía de lo alto, se encargó de diluir nuestros jugos, que huían de la vibrante fusión de nuestras carnes. Ahí estaba mi verga, hundida en la maravillosa abertura de ella, sin querer salir. Pero ella no estaba dispuesta a dejarme ir todavía, a lo cual por cierto no me opuse tampoco. Con su mano izquierda extrae mi verga y comienza a acariciarla con suavidad, recorriéndola completamente. Se sienta en la bañera, y sin soltar su juguete, me aproxima a ella. Coloco mi cuerpo sobre su regazo, ella pone una mano bajo mis nalgas, y así, con todo mi sexo ante si, como si dispusiera de un manjar gastronómico, me levanta un poco, y comienza su hermosa boca a besar cada centímetro de mi verga. Su lengua recorría desde la punta hasta el nacimiento de mis bolas…. Sus labios oprimían sabiamente cada parte sensible, me arrancaba gemidos de placer… -Tía, tía, es fabuloso, le decía, con mi voz entrecortada…Me tenía absolutamente a su merced, me abrazó por las caderas contra su vientre, y quedé casi en posición invertida, con mis piernas abiertas y mi pene altivo, frente a su rostro… y a su boca, su lengua…. Lo que siguió, me hace correr los jugos…. Aún ahora… que recuerdo.
Primero, con su lengua caliente, saboreó cada rincón de mi intimidad, su boca se engullía mis bolas, aplicándoles besos y mamadas que me hacían ver estrellas, y luego su lengua, como una rosada criatura independiente, se dio a la tarea de conocer el agujero de mi trasero, de una forma que hasta ahora ninguna otra mujer ha sido capaz de repetir: lo hundía en mí, de una forma que yo ignoraba, su calor me excitaba de tal manera, que a cada irrupción, mi verga parecía crecer aún más…. Y a continuación, después de esos segundos eternos e inacabables, literalmente mi tía me comió la verga. Era increíble cómo la hundía en su garganta, aún no entiendo en que lugar se alojaba todo mi aparato: solo se que me corrí muy adentro y que ella tragaba y disfrutaba con cada chorro, como si fuera su proteína vital. Fui devorado por esa hembra, que parecía insaciable, y que jamás podría dejar, mientras tuviera energías, por supuesto…

Ahora que tengo frente a mi, una vez mas a mi tía, en sus aún esplendidos 62 años, bebiendo de mi leche, mientras se estremece con mis manos, la siento totalmente mía, para siempre, desde aquel lejano primer amanecer...

jueves, diciembre 01, 2005

Mi tía de película (Cap.IV Un reencuentro)


A partir de esa experiencia, no pude ser el mismo. Cada vez que la veía, mi mente se imaginaba de todo. La espiaba, la seguía como un bruto. Me pajeaba a cada instante. Y me mataba su aparente indiferencia. Me miraba, con sus ojos hermosos, y se daba cuenta de que me derretía. Pasaba por mi lado, y mi nariz se deleitaba con su aureola de perfume. Estaba enamorado. Y mi deseo se mantuvo vivo, pensando en su próxima visita y devorando la única fotografía que ella muy audazmente me había regalado. El tiempo pasaba y no venía. Discurrí un plan: debía yo ir de visita. Planeé un viaje a su casa, justificándolo con una excusa barata, pero efectiva. Mis padres me dieron permiso, así que partí. Previamente mi madre le había avisado, de manera que me estaban esperando.
Ella estaba sensacional. Parecía más juvenil que nunca. Su madurez le sentaba de maravillas. Viajamos en el coche de mi tío, charlando todo el camino. Yo iba en el asiento trasero, y aferraba mi verga, que ya estaba erecta, soñando en que pronto serían las manos de mi tía, las que lo acariciarían. Cuando llegamos, ella me acompañó a mi cuarto de alojado. Apenas entramos, cerré la puerta y me abalancé sobre ella. Estaba desesperado. Ella se mostró un poco abrumada, y trató de evitar tanta efusividad.
-Espera, niño, me dijo, que pasa?, tanta desesperación, sobrino…, cuidado. Pero yo no escuchaba, mis manos la abrazaban y trataban de acariciar sus pechos, sus muslos, en fin, trataba de tocar todo su cuerpo, tanto tiempo alejado de mi.
-Para, para, me dijo, no seas tan impulsivo, vamos con calma, mi niño. Y me dió un beso largo, tan dulce y tibio, en que su lengua me acarició profundamente. Ese beso lo sentí hasta la punta de mi verga enhiesta. Me empujó sobre la cama, y se arrodilló, procediendo a bajar el cierre de mis jeans, y soltar mi pene, que quedó alzado, latiendo, apuntándola. Sus manos lo cogieron y comenzó a sobarlo con tanta sabiduría que me paralizó. Luego sus labios lo besaron. Enseguida se abrieron y lo absorbieron. Su boca era virtuosa. Mi verga entraba hasta lo más íntimo de su garganta. No fueron más de dos minutos y sentí que explotaban mis testículos. Su boca no soltó mi herramienta, tragando cada gota de mi leche. Me dejó seco en un instante.
-Báñate y luego bajas a comer, sobrinito. Me dijo, sonriéndome de manera maravillosa.
La mesa estaba dispuesta de muy buen gusto. Como todo lo que ella hacía. Nos sentamos. Yo al lado de ella, y mi tío, en la cabecera, como jefe. No me podía concentrar en la conversación que mi tío entablaba. Contestaba con monosílabos. Sentir los muslos de mi tía, tan cercanos a los míos me había puesto a mil otra vez. La calentura que padecía no tenía merma. Quería terminar la cena luego y seguir con el sexo. Yo la acompaño, tía, le dije al terminar de comer. Y me apresuré a ayudarla a llevar los trastos a la cocina. Allí, nuevamente, mientras ella acomodaba la loza en el lava vajilla, no pude estar tranquilo. No podía estar quieto, frente a su cuerpo hermoso. Su vestido le quedaba de maravillas y dibujaba su silueta redonda. Mis manos la acariciaron.
-Niño, no puedes estar un rato tranquilo, me dijo, sonriendo. Caramba con esta juventud. Vamos, mi niño. Quédate tranquilo un rato, pórtese bien y luego le daré su postre. Esa promesa me calmó. Así que volví a la sala y vi un poco de televisión.
-Cariño, le dijo mi tía a su marido: vaya a acostarse, que debe estar cansado. Yo voy a regar el jardín y subo luego.
-Si, mi amor, voy a descansar, no te demores. Y tu campeón, ¿no estás cansado?, me dijo.
-Si, tío, voy a estar un rato más y me voy a acostar. Apenas sentí que mi tío desapareció por la escala, salí al jardín. La noche era fresca y muy a agradable. Allí estaba mi tía, preparando la manguera para regar. Me acerqué, ya mucho más calmado.
-Tía linda, ¿sabes que te eché mucho de menos?, le dije. Por eso es que hice lo que hice. ¿Me perdonas?
- Bueno, te perdono, pero debes controlarte un poco, pues si quieres que juguemos, debemos hacerlo como personas grandes. No cometer locuras, me respondió. Ven, acércate.
Cuando estuve a su lado, me tomó la mano y la metió debajo de su vestido. Estaba desnuda, sin calzones, de manera que inmediatamente pude acariciar su sexo cuidadosamente depilado. Su rajita estaba húmeda y tibia. Mis dedos se deslizaron por su vagina, haciendo que suspirara.
-Mi niño, no sabes lo que me gusta este juego, me dijo. No te detengas, mastúrbame. Me metí debajo de su falda, y allí entre sus piernas, comencé a jugar con mi lengua en su sexo. Si, méteme tu lengua. Asssssiiii, síííí. Susurraba. Pronto comencé a sentir un abundante fluir de jugo, que bebí con ansias. Estaba llegando a un orgasmo intenso, y mi verga también. Ambos nos fuimos en el jardín, derramando mi leche a borbotones. Salí de mi refugio. Y ella comenzó a tirarme agua con la manguera, corrí por el jardín mientras ella me perseguía mojándome. Ambos reíamos como niños. Felices.
-Anda a acostarte, niño, me decía. Y le hice caso, no sin besarnos apasionadamente.

lunes, noviembre 28, 2005

Mi tía de película (Cap.III La paciencia se recompensa)



El silencio fue el siguiente protagonista de la noche. Me fui al baño, y abrí suavemente la ducha para enfriar mi calentura. Pero era difícil, mi verga no atenuaba su rigidez. Varias veces me había pasado, en todo caso. Me la corría, pero hacían falta dos o tres más para bajármela. Estaba en eso, cuando se abrió la puerta. Había olvidado cerrarla. Y entró ella. Mi tía. Cubierta solo con su camisón de seda, más abierto que antes, sus pechos coronados con unos pezones muy erguidos, y su sexo, con un pequeño mechón de vellos. Perdón, estabas tú,…, dijo ella, al tiempo que cerraba la puerta, y trataba de cubrirse. Pero ¿qué estás haciendo, mi niño…?, Yo estaba ahí, en pelotas, con mi verga en la mano. No supe qué decir, mientras ella se acercaba… Pero, por favor, mi niño, como haces esto tan tarde. Es que tú tienes la culpa, tía, atiné a decir…, tuú me dejaste así, …. Ella vaciló un instante, y luego, se arrodilló en el piso, al tiempo que me tomó la verga con una mano, mientras con la otra se acarició su sexo.
No podemos dejar las cosas así, dijo ella, y comenzó a darme una corrida celestial. Ahí estaba yo, de pie, con mi verga tiesa, y abajo mi querida tía, con sus labios tan cerca, tan cerca, cada vez mas. Sentí que se la metería en su boquita. Y pasó. Mi verga fue absorbida por sus labios, y su lengua, sus dientes, su paladar, me empezaron a dar la primera mamada y la más grandiosa hasta ahora. No duré ni dos minutos, y lancé mis chorros en su boca. Ella no soltaba mi pene, mientras sus manos me recorrían las bolas, mis nalgas. Mi cuerpo sentía cosas desconocidas. Jamás, ni en la mejor de mis pajas, había experimentado lo que sentía ahora. Nunca había imaginado que sentir sus dedos en mi culo me harían redoblar mis jugos. Cada gota se quedaba en su garganta, que ella tragaba con delicia. Sentí que mis piernas se doblaban. Me senté en el borde de la tina de baño, antes de caer. Ella se levantó, y puso su sexo en frente de mi cara. Ahora mi niño, si le gustó lo que le hizo su tía, me dará de lo mismo… dijo ella. Mientras con sus dedos entreabría esa vulva rosada y cuidadosamente depilada, coronada por un mechón cuidadosamente recortado. Era una vulva hermosa, como las de esas mujeres ricas que veía en las fotos. Su aroma era embriagador. Y accedí a cumplir con lo solicitado. Primero mis labios, besando tímidamente esos pliegues fantásticos. Usa tu lengua, mi niño, me susurró. Mi lengua se hundió en el calor húmedo de su coño. Asssssiiii, asssssiiii, gemía mi tía. Que rico…. Sigue, sigue. Era sensacional su sabor, su aroma, su humedad. No imaginaba que el sexo femenino eyaculara, pero ese sexo delicioso, lo hacía, chorreaba un jugo salado, que bebí con dedicación. Comprendí que debía brindarle a mi tía lo que quisiera. Y aplicando lo visto, recorrí su culo firme, con mis manos, entreabrí sus nalgas y exploré esos rincones ignotos para mí. Ella gemía, cada vez más seguido. Sentí que su cuerpo se estremeció completo. Y su pelvis comenzó a mecerse agitadamente contra mi cara, como queriendo que mi lengua la penetrara cada vez más. Hubiera querido que mi lengua fuera más larga y entrar hasta su más recóndita profundidad. Pero no fue necesario, pues el orgasmo intenso que experimentó, me hizo sentir que mis caricias habían sido más que suficiente. Era como si mi tía se deshiciera en mis brazos. Me abrazó estrechamente, y nos besamos intensamente.Pero mi verga no disminuía. Había vuelto a crecer y ya estaba en toda su altura. Quería algo más. Mi tía estaba con el rostro congestionado, sus ojos me miraban como nunca me había mirado. Era como una fiera, sus labios enrojecidos, y su lengua los humedecía al observarme. Era como si estuviera planeando su próxima jugada. Mi pequeño hombrecito… eres tan rico, tan firme. Que maravilla de verga tiene, mi niño. Así me gustan…. Te voy a enseñar algo más… me dijo. Se volteó y dándome su estupendo lomo, acercó su culo fenomenal, a mi verga parada, la tomó con una mano, mientras con la otra se entreabría sus nalgas…. Dámelo aquí…. Me dijo. Tienes que darme esa cosita rica. Vamos, y manteniendo mi tiesa verga en su mano se la encajó entre sus nalgas. Comenzó a frotarla de arriba abajo en su culo. Mi jugo lubricó su agujero, y luego comencé a hundirla. Lentamente. Ella guiaba todo. Sentí como su agujero se abría a mi paso. Y suavemente ella empezó a metérsela, centímetro a centímetro. Mi verga estaba de pronto entera en su culo. Y ella se movía cadenciosamente. Para atrás, para adelante. Sus músculos me apretaban suavemente la verga. No resistí, apenas unos segundos, y ese tratamiento de masaje anal que mi tía me daba, surtió un efecto tremendo en mi pene. Lancé otra vez chorros de jugo, en su interior. Mi vista se nubló. Era demasiado para una noche. Mi primera vez estaba siendo monumental. Di un gemido, que pareció aullido. Mi tía, se retiró y me dio un beso ardiente y húmedo. Ahora te vas a acostar como un buen niño. Me dijo, al tiempo que me sacaba del cuarto de baño. Quedé allí, en el pasillo, hecho un guiñapo. Mi verga fláccida, pero con un gozo interno, que no podría describir. Esa noche si que me dormí como un angelito.

Mi tía de película (Cap.II)


Ella me acarició la cabeza con una mano, mientras con la otra se cerraba su blusa. Hace varios meses que no nos veíamos ¿cierto?, me dijo. Y como has cambiado, si ya eres un hombre… Me sonrojé,. No estaba acostumbrado a conversar con chicas, y menos con una mujer madura, que era la mejor de mis fantasías. Mi verga no decrecía, era como si se mandara sola, independiente. Si, sobrino, me di cuenta cuando me abrazaste, pero ¿por qué te pusiste así?. No me dirás que es por mí, ¿no?... me preguntó, con una encantadora sonrisa. Quise decirle que si, que era por ella, que ella era mi sueño erótico juvenil, que tenía ganas de lanzarme sobre ella y darle lo que tantas veces hice en forma solitaria. Pero solamente la miré, tan tímido como siempre, con una sonrisa estúpida.
Mi niño, me dijo, abrazándome y apretándome contra su pecho. Mi cara se hundió en su hombro, respirando su exquisito aroma. La abracé inconscientemente, la apreté con mis brazos, soñando que estuviera desnuda. Fueron unos segundos felices, que mi verga agradeció soltando pequeñas gotas. Al fin y al cabo, era una situación nueva, muy cercana a mis sueños, allí los dos en mi cama… Me dieron ganas de besar su cuello, su oreja, que tenía tan cerca. Mi boca también actuó sola, mis labios besaron tímidamente su cuello. Ella no dijo ni hizo nada. Luego besé el lóbulo de su oreja. Mi respiración caliente, y entrecortada, me delató definitivamente. Sobrino, que lindo eres. ¿Por qué haces eso?, susurró levemente. Pero no me detuvo. Mi boca recorrió su cuello, hacia atrás, hacia su nuca, como siguiendo la ruta de su perfume. Levanté su cabellera, y sentí que ella se abandonaba. Un suspiro me indicó que algo pasaba. Sus brazos me atrajeron más hacia si. Mis manos recorrían su espalda, sin saber qué hacer. De pronto sentí una de sus manos en mi verga. Y acto seguido, meterse bajo mi pantalón y aferrarla. Su mano estaba caliente. Mi falo respondió con un respingo mayor, aumentando su vigor. Que sensación tremenda. Mi tía me agarraba la verga, tal como lo había soñado tantas veces.
Que grande está mi niño…, me dijo, dándome un masaje glorioso. Pero fue tan fugaz, como eterno. La soltó y se separó de mí. Bueno sobrino, que tengas buenas noches, dijo, al tiempo que me besó en la frente, y dándome un zamarrón en mi pelo, me despidió. Me levanté y me fui a mi cuarto, al tiempo que mi tío avanzaba por el pasillo, a su cuarto. Chao campeón, me dijo. Hasta mañana tío, le dije, lleno de envidia, pero feliz. Esa noche me hice la mejor corrida en mucho tiempo. No podía dejar de pensar en lo ocurrido. Mi verga tenía estampada la mano de mi tía, la sentía aún. Era extraordinaria la sensación. Y no podía dormir.
Me levanté y en la oscuridad de la casa, caminé hacía el cuarto de mis tíos. Apoyé mi oído en la puerta. Al interior pude escuchar nítidamente la voz suave y susurrante de ambos que sin duda hacían el amor. Nuevamente mi verga se alzó, como un resorte. Si, mi amor, dámela, le decía ella. Así, así. Y mi tío, le decía frases: toma mi amor, agárrala toda, así, así, mmm, mmm, Que rico la chupas…., OH.
Ella se la estaba mamando.
Imaginaba como lo haría, mi mente casi podía estructurar el panorama completo, ella tendida en mi cama, desnuda, y mi tío sobre ella, poniendo su verga en la boca sensual de mi tía. Y ella chupando. Imaginaba como ella le recorría su cuerpo, le agarraba sus bolas. Así quería estar yo con ella. Te la voy a tragar toda, le decía ella. Si, si, le susurraba él. Pero dame tu conchita, rica, le decía él.
Ahora los veía en un acalorado 69, esos que en Internet eran mi predilección. Mi tío le chupaba su sexo, pero en mi mente era yo el que metía la lengua, en esa vulva que debía ser maravillosa. Que envidia sentí de mi tío. Y luego cambiaron, mi tía sin duda abrió sus piernas y él embutió su verga hasta el fondo, ella gimió de placer, y luego ambos dieron sendos quejidos, como tratando de acallar, para que no se escuchara afuera. Pero para mí, no había secreto, había escuchado cada quejido y grabado en mi mente cada roce, cada embestida, cada chupada. Mi verga hizo abandono de la sesión, derramando en mis manos su leche.

viernes, noviembre 25, 2005

Mi tía de película (Cap.I El despertar)



Cuando escuché que esa noche llegaban mis tíos, me emocioné. Vería a mi tía. Ella era una mujer absolutamente madura, de 48 años, muy bien conservados, y se notaba que lo pasaba muy bien con mi tío, el hermano de mi mamá. Es más, siempre en las conversaciones que escuchaba de mis padres, ellos comentaban que bien se veía mi tía, y que se notaba que su marido la mantenía bien. Mis padres se reían, dando a entender en su doble sentido, que el plano sexual era saludable. Pues bien, siempre que tenía ocasión de verla, a partir de mis 16 años, trataba de descubrir algo más, en su escote, en su falda, o imaginar sus calzones bajo sus jeans, en fin. Era de piel muy blanca, una cabellera trigueña, y de facciones muy atractivas. No era delgada, más bien rellenita, al estilo de esas mujeres maduras que abundan en los cuadros antiguos. Tenía una sonrisa muy agradable, y me trataba con mucho cariño. Cada vez que me veía me decía verdaderos piropos, como que grande estás sobrino, que alto, como has crecido, etc. Y yo pensaba, si tía, y vieras como me ha crecido también, como me gustaría mostrártela, tiita.
Y ahora la tendría de nuevo en mi casa. Llegaron cerca de la medianoche. Mis viejos les sirvieron unos tragos y algo para picar, yo estaba ya con pijama, así que cuando llegó ella, me saludó como siempre con un abrazo cariñoso. Pero esta vez, en un arranque de audacia, me atreví a estrecharla un poco más de lo usual. Mi verga también estaba un poco más consistente de lo habitual, así que procuré que la sintiera. Su cuerpo me estrechó y noté que mi herramienta se ubicó muy precisamente en medio de sus muslos, en el vértice que era mi sueño. Fue solo un par de segundos, pero mi verga se congratuló de estar allí. Ella sin duda lo sintió, pero no dijo nada, se separó y mirándome me dijo: está cada vez más grande mi niño… Sus palabras me estremecieron. Sus hermosos ojos me taladraron y sentí que me enamoraba.
La charla se desarrolló en base a cosas triviales, mientras yo me mantenía en un discreto lugar secundario, mirándola y soñando con cada línea de su cuerpo. Envidiaba a mi tío, que en un poco rato más se iría a dormir con ella. Y además en mi cama, que les debía ceder por esa noche. Sin duda, esa situación la disfrutaría más tarde, cuando ellos se fueran, y yo volviera a mi cama, imaginaría su cuerpo en mi lecho….ah, que paja me correría. Estaba hermosa, y la encontraba más sensual que nunca, de vez en cuando sus bellos ojos me miraban, y me derretía. Llegó la hora de acostarse. Mis tíos fueron a mi cuarto, y yo a dormir en la pieza de mi hermano. Que panorama… No podía dejar de pensar, mientras me disponía a dormir, en mi tía, metiéndose en mi cama, rozando mis sábanas con su piel suave. Y me imaginaba como luego estaría al lado de mi tío. Me levanté y golpeé a la puerta de mi cuarto. Pase, dijo mi tía, que efectivamente ya estaba en mi lecho. Pero aún sola, pues mi tío no volvía del baño. Permiso, tía, voy a buscar algo en mi ropero… le dije. Si pasa no más, me dijo ella, que cepillaba su pelo.
Abrí mi ropero, dándole la espalda a mi tía. Sentí que ella me miraba. Y lo confirmé mirando de reojo por el espejo del interior del ropero. Mientras se cepillaba, me miraba de arriba abajo. Su camisa de dormir se entreabría por un botón que no estaba abrochado, y se alcanzaba a ver la suave redondez de un pecho blanquísimo. Con esa sola visión, mi verga se puso dura. Bastaba eso para ponerme a mil y darme ganas de corrérmela. Ya tenía suficiente por esa noche. Sin embargo, me detuve más rato, haciendo como que buscaba algo. Ella me miraba, y se sonreía, con cierta malicia. No se si era mi imaginación, pero creí ver cierto atisbo de picardía en la forma que me miraba. Sobrino, venga para acá. Me dijo. Mi corazón se paralizó.
-Ssssi tía, ¿qué quiere? le dije, mientras me daba vuelta hacia ella.
-Siéntese aquí, dijo tocando con su palma el borde de mi cama. Me senté a su lado, y allí me di cuenta que mi verga levantaba groseramente mi pijama.
-Perdone, tía, balbuceé, tratando de ocultar lo imposible. Ja, ja, ja, sonrió suavemente mi tía.
-Mi sobrino grande, no seas tontito, si es natural que sientas cosas. Me dijo. Al fin estás en la pubertad, no?
-Si, pero…, es que..., me comportaba como un estúpido, no sabía articular palabra.