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martes, noviembre 21, 2006

Erotismo de la semana


Dándome la vuelta sobre ella, metí mi cabeza entre sus piernas. Como olía su sexo! Mi lengua empezó a saborearla de arriba abajo, primero suavemente cogiendo mas fuerza poco a poco, presionando sobre su clítoris al compás de sus jadeos. A todo esto mi mujer se había sentado en la silla y se estaba masturbando viendo el espectáculo...


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jueves, enero 26, 2006

Un alto en el camino (Cap.Final)



Después de unos instantes, el silencio solo era interrumpido por el roce de las toallas sobre sus cuerpos. Risitas y comentarios como susurros. Desde la cama, yo esperaba, imaginando lo que vendría, mientras bebía un trago que me había preparado. Esperando que aparecieran agotados en la sala del dormitorio,me excito cada vez más,pensando!!! es mi turno; ahora seré yo la que goce con el placer de sus besos,sus caricias y la exquisita dureza de entre sus piernas... pero cuanto más debo esperar para tener tan anhelada recompensa?
Ellos salen del baño, y se dirigen a la cama, aún secándose. Todo es risas…
Veo que encontraste algo bueno, dijo Camilo...
Siii, y muy refrescante, respondí. Y parece que necesitan uno también ustedes, se les nota agitados. Dije, sonriendo con picardía.
Si, por supuesto, nos hace falta, dice Andrea.
Me levanto y comienzo a preparar los tragos. Soy experta en preparar cosas ricas, volví a agregar con una sonrisa.
Pero Kerima, dice Camilo, no creas que te vas a escapar... mientras se acerca y me abraza por detrás, y comienza a besarme el cuello, en las orejas, en la nuca, y revuelve mi pelo.
Reacciono, dándome vuelta pero al intentar zafarme de los brazos de Camilo se me caen los vasos…
Oh, disculpen, digo, esbozando una sonrisa culpable y sintiendo que se me suben los colores a la cara.
Andrea se mata de la risa, y nosotros nos agachamos, muy rápidos, y sin querer, entrechocamos nuestras cabezas…y caemos al suelo, riendo. El liquido de las bebidas nos moja, y sin querer, pero de un modo natural, nos abrazamos y nos revolcamos, apasionados.
Te he esperado tanto tiempo… me dice Camilo, que me ha parecido una eternidad. Mis muslos se entrelazan en sus caderas y su verga enhiesta se aprieta contra mí, buscando como entrar…
Camilo, amor, ya sabes como entrar…. Le digo.
Sus manos entreabren suavemente mis labios inferiores y penetra victoriosamente, es una sensación exquisita. Comenzamos un ritmo frenético, me besa, mis pechos agitándose lo vuelven loco, los besa y mordisquea. Andrea nos observa desde la cama y comienza a excitarse, la escena la calienta y sus dedos le dan goce solitario…
Nuestro placer aumenta a cada instante, siento venir mi orgasmo, mi vagina late alrededor de su verga.
Espera, gime Camilo, todavía no me quiero ir, quiero seguir disfrutando….
Me zafo de su abrazo, y aferro su miembro con ambas manos, y luego, me pone en la alfombra en cuatro, y me hace ofrecerle mi hermoso culito…
Penétrame, susurro anhelante.
Pero no resiste la escena de mi espléndida ofrenda, y comienza a besarme, ahí, justo en el centro de mi íntimo rincón, su lengua recorre con sapiencia cada pliegue, lo que me transporta a las delicias…
Oh, gimo… es delicioso, no había sentido eso tan suave…Dame más… quiero mas amor, así, es nuevo y excitante….
Al fin me siente lista, húmeda y palpitante, reemplaza su lengua con su verga, me dejo presionar… y me penetra sin oposición. Siento, al fin, su virilidad que entra suave y deslizándose, libre y profundamente.
MMMMMM, ¡como siento eso!¡, entra y sale, mmmm, cómo se ve, mi amor? susurro… se ve rico? Como respuesta, Camilo arremete una y otra vez, aferrándome por la cintura. Lo siento genial…
Es una visión estremecedora como entra y sale, y gozamos, temblamos. En la habitación se escuchan jadeos prolongados. Andrea goza con dos de sus dedos entrando y saliendo de su chochito, viendo en primer plano mi penetración…
De pronto siento que me voy en un orgasmo, que ya no puedo detener….
Hazlo, mi amor… lo quiero, dámelo, me dice Camilo, yo también te lo daré, pero quiero sacarlo y que veas como exploto, susurra… Que me vean ambas….
Siiiii… dice Andrea….
Lo quiero ver también, me escucho decir, mientras lo retengo dentro con un cierre de mis músculos internos. Era el impulso que me faltaba. Siento un fulminante estremecimiento y me desahogo en una ríada de deleite profundo, intenso, quiero sentir como ese pene se funde con mi carne, y lo logro: su palpitación prolonga aún más mi goce, por segundos inacabables… hasta que comienza el repliegue de su miembro, retirándose de mí, lenta e imperceptiblemente.
Camilo se tiende a mi lado en la alfombra, masajeando su pene, tremendamente duro y brillante. Yo asisto como espectadora privilegiada, disfrutando todavía las pulsaciones de mi interior, mientras Andrea se tiende al otro lado de Camilo y allí, entre ambas, nuestro macho se abandona, conciente de la atención de sus espectadoras. Al ritmo de sus manos, deja que su verga, como en un latigazo, lance sus chorros…, hacia nuestros cuerpos que son recipientes de sus jugos. Descubro que ver ese orgasmo masculino, tan cerca de mi, ha sido espectacular, ver cómo ese hombre se ha desprovisto de su machismo y nos regala su placer me llena de gusto. Mi cara demuestra el goce recibido. Andrea se lanza a sorber algo de la leche….. MMMMM que rico, dice mientras sus labios enjugan el sexo de Camilo y yo no puedo dejar de intervenir también, besando ese pilón que lanza sus últimas gotas, y que aún preserva resabios de mi propio sabor.
La ofrenda se brindó ante las diosas, que solícitas, acogimos y bebimos con dedicación.
Rato después, con Andrea en la ducha, nos reímos evocando cada escena, y mientras aplacábamos los restos del ardor con sendas caricias en nuestros clítoris, dimos gracias por el alto en el camino.

FIN

martes, enero 24, 2006

Un alto en el camino (Cap. II)



La luz de la sala de baño era muy tenue y acogedora, y le daba una atmósfera especial. Camilo abrió la llave de agua y pronto la sala estaba llena de vapor. Camilo, que de tímido no tenia nada, se despojó de su bata, quedando totalmente desnudo frente a mí. En qué momento se despojó de su ropa interior, fue un enigma divertido, que me reveló el manejo de situaciones que ese hombre tenía. Mi mente se sintió intrigada y acuciada por la curiosidad de conocerlo más.
Yo lo miré sin disimulo, aunque con un poco de pudor al principio, pensando en lo que vendría después.
Yo no pude menos que aceptar el reto implícito. Me desnudé en un santiamén. Camilo me miró con una sonrisa de macho satisfecho, que a la vez me halagó. Me sentí indefensa en mi desnudez, frente a él, frente a su virilidad que se mostraba desafiante, y que mis ojos no hicieron amago de soslayar. Un ligero ademán de él me hizo caminar como autómata, metiéndome bajo el chorro de agua tibia. Enseguida Camilo se introdujo y me abrazó con ligera firmeza por la cintura. Sentí sus brazos en mis caderas y sus manos rodeándome el vientre. Su respiración se derramó en mi cuello y le siguió un lento deslizar de sus labios sobre mis hombros. Me estremecí gratamente. Con placer, entreabrí mis nalgas, para recibir lo que me presionaba. Su dureza me empezaba a calar con insistencia placentera.
Los puedo acompañar?, dijo desde fuera de la ducha Andrea, que había regresado. Pude advertir, entre el vaho que empañaba el vidrio del shower door, la silueta desnuda de mi amiga.
Por supuesto, exclamó Camilo, mientras continuaba sus caricias con su lengua en mi nuca. Apenas dijo eso, cuando ya Andrea estaba tras Camilo, y los tres disfrutando del agua que recorría nuestros cuerpos.
Qué bien se está aquí… dijo Andrea, mientras se plegó a nuestro abrazo. Sus manos rodearon a Camilo, estrechándonos en un apretado trío.
Veamos lo rico que puede ser una ducha de a tres? Susurró mi amiga.
Mmmmmm,, lo estamos esperando, Andrea, dijimos Camilo y yo al unísono, produciendo una risa de todos.
Andrea comenzó a pasarle el jabón por su espalda recorriendo cada centímetro de su anatomía, luego me lo ofreció a mí: Toma. Continúa tú por delante, Kerima….
Camilo se dejó llevar sin decir nada, pero al contacto de mis manos, sobre su sexo, su reacción fue involuntaria y la virilidad se empieza a erectar…
Sientes como el olor al jabón de lavanda te inunda?, le dije. Como única respuesta, cerró sus ojos, y deja escapar un gemido entre placer y dolor. Mi boca surcó su piel, bajando hacia el bocado, lo acogí con delicadeza, disfrutando de su enormidad entre mis labios, bebiendo agua ligeramente salada...
Puedo besarte Camilo? dice Andrea.
Por supuesto, bésame, me encantan los labios de una hembra… le dijo, girando hacia ella.
Andrea lo hace inmediatamente, sin esperar nada más, le pasa su lengua por entre la comisura de sus labios jugueteando con él. Mis manos recorren su espalda, esparciendo la espuma del jabón.
Nos damos cuenta que él quiere más, pero ambas solo permitimos toques sutiles.
Se estrecha al cuerpo de Andrea, sin dejar de besarse, y noto que le hace sentir su excitación erecta entre sus piernas. Ella gime para sus adentros esperando un poco más.
Ella se da vuelta, ofreciéndole su cola. Siente como la verga resbala, sin reparos entre sus nalgas. Mi amiga se mueve suavemente, permitiendo de modo lujurioso, que Camilo se acomode. Mientras tanto Andrea ayuda aún más, y comienza movimientos pélvicos sugerentes y cadenciosos. Camilo la sujeta para ponerla en posición y penetrarla sin compasión y comienzan un juego frenético.
El le dice al oído: te gusta?
Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, quiero mas, mas y mas profundo, así, oh, que rico, quiero todo…
Y le digo: Camilo termina con Andrea, yo los espero en la cama.
Ambos siguen en lo suyo, como si no escucharan. Camilo sin decir más se dedica completamente a Andrea. Ella está muy caliente y vuelve a ponerse en posición: lo quiere sentir en su vagina. Les cae el agua a los dos y se besan apasionadamente, culminando con un explosivo orgasmo, ayes y gemidos de placer se escuchan, atormentándome inexplicablemente.

lunes, enero 23, 2006

Un alto en el camino (Cap. I)



Estábamos en la oscura carretera yendo sin rumbo, preocupadas por la intensa lluvia que de pronto se dejó caer en aquel paraje rural. Sabíamos que el camino nos llevaba a la costa, donde pretendíamos pasar el fin de semana, pero sin darnos cuenta, nos desviamos del camino principal. Cuando nos dimos cuenta, no quisimos retroceder, pensando que la ruta nos devolvería a la carretera. En eso estábamos, dudando a donde nos llevaría el camino, cuando divisamos a lo lejos una casona y en una de sus ventanas del segundo piso, la única iluminada, nos pareció ver una silueta caminando.
Entramos a la casa a inspeccionar, se notaba que no estaba sola, por la limpieza que se notaba. Rápidamente nos percatamos de que había alguien más.
Andrea subió las escaleras llamando, hay alguien? no hubo respuesta. Yo la seguí, intentando averiguar donde podría estar el dueño de la silueta que creímos ver. De repente encontramos una corbata a un lado, y Andrea, más arriba en la escalera me dice: mira aquí hay una camisa!!!!
Ella sube entusiasmada pensando poder encontrar algo más. Recorrimos un breve pasillo, desde el cual se percibía una tenue iluminación, proveniente de una puerta entreabierta: entramos a la habitación, y tuvimos una sorpresa al mirar y encontrar a un hombre semi desnudo, acostado en una cama. El hombre nos observa, y nos sonríe. No parecía sobresaltado, ni nada. Era como si nos esperara.
Bienvenidas a mis aposentos, están perdidas, muchachas?, exclama con tono amable.
Se ven muy hermosas, disculpen mi facha pero no esperaba a nadie. Agregó.
Eres el dueño de la casa? Pregunté.
Si, es mi lugar de retiro, cuando deseo escribir, me alejo del mundanal ruido, buscando inspiración…
Y como te llamas? dice Andrea
Soy Camilo, un placer saludarlas, dijo, levantándose de la cama, sin ningún pudor, solo un holgado calzoncillo le cubría… bajo el cual noté balancearse algo prometedor…
Sabes, buscamos un lugar donde alojarnos, pues nos perdimos, serías tan amable de decirnos si hay un lugar cerca para quedarnos…
La verdad muchachas, es que cerca no hay nada,, y es demasiado tarde para que dos hermosuras anden solas....les ofrezco quedarse aquí, si es que perdonan un poco el desorden.
Nos miramos con complicidad y aceptamos: podemos ponernos cómodas?
Por supuesto, pasen al cuarto de baño, y se pueden dar una refrescante ducha.... mientras les preparo…, un café podría ser? dijo amablemente.
Si por supuesto, nos agradaría algo caliente, dije sonriendo.
Entré primero al baño, tratando de secarme el pelo pues estaba empapada con el aguacero reciente. Mientras, Andrea bajó a estacionar el vehículo y cerrar la puerta principal.
En esos instantes, sale Camilo de la cocina con tres cafés.
Tu amiga se llama Andrea, pero tu no me has dicho tu nombre… me dijo con voz queda.
Me llamo Kerima, le dije, mientras lo miré y descubrí qué hombre tenía ante mi. Aproveché de mirarlo con detención. Era maduro, mucho mayor que nosotras, tendría unos 50 bien conservados años y sus canas plateadas le sentaban muy bien, usaba una barba corta, de aspecto cuidado.
Oye preciosa, tu amiga se demora demasiado, que tal si nos bañamos juntos? yo estaba a punto de hacerlo cuando llegaron, si es que no te molesta, dijo.
No, no me molesta, la necesito y juntos mejor, así me puedes ayudar con el jabón, que se me escapa de las manos. Guíame, no conozco esta casa… dije mientras sonreí. Me noté curiosamente tranquila, pese a la situación de estar con un desconocido. Pero algo había en él que tranquilizaba y derribaba los muros de la desconfianza.
Por supuesto, dame tu mano Kerima, me dijo con voz profunda, segura y muy suave a la vez.
Sentí su mano cálida… y me dejé guiar…

jueves, diciembre 22, 2005

Intercambio (Cap. Final)


Quedé exhausto, pero en un estado frenético. Quería seguir gozando, así que aprovechando la postura de Betty, la penetré de manera tradicional. Su vagina se acomodó al nuevo tamaño y me acogió con suavidad. La bombeé varias veces, sintiendo una excitación tremenda. Luego la volteé para explorar su culito. Ella aceptó gustosa, mostrándome con plenitud la turgencia de sus nalgas entreabiertas. Su agujero aparecía totalmente lubricado con tanto jugo derramado y palpitaba juguetón, demostrando que dominaba ampliamente sus músculos. Ese hoyito se abría y cerraba, invitando a la penetración.
-Dejame ver eso, me dijo Susana, acercándose a nosotros. Comenzó a meter sus dedos en el culo de la amiga, que respondía feliz a cada arremetida. No sólo su vagina era sorprendente. También su culo denotaba un buen entrenamiento. Mi mujer se deleitaba metiendo tres dedos en el ojete.
-Que culo mas rico, decía Susana, al tiempo que se tentó con su lengua, comenzando a meterla en el foradito. Betty gemía de placer.
-Mi mujer es muy puta, dijo Alonso, mira como disfruta, Todo le gusta…
-La tienes muy bien entrenada le dije, mientras observaba el jueguito. Y qué mas le gusta?
-Uf, dijo Alonso, prueba lo que quieras, hasta ahora no hemos encontrado límites¡
-En serio?, le respondí, mira que lo hago, eh?
-Claro, por ejemplo si tienes un juguetito…
-Voy a buscar algo, dije, pensando febrilmente qué objeto meterle, ya que tenía permiso total, había que aprovechar y dar rienda suelta al goce.Me levanté, mientras veía que Susana jugaba con un pezón en el trasero de Betty, acariciando y restregando sus pechos entre las nalgas de su amiga. Alonso se puso detrás de Susana y blandiendo su verga, comenzó también a darle lo suyo. Cuando volví, observé que entreabrió las nalgas de mi mujer, y le mojaba su hoyo con la punta de su herramienta. Susana se acomodó de rodillas, levantando su culo, permitiendo que Alonso trabajara con más comodidad. La muy caliente, también le gustaba por atrás.
-mira Betty, lo que te tengo…, le dije, mientras le mostraba un enorme pepino italiano de mas o menos 40 centímetros.
-Ah, que rico, me encantan las cosas largas, dijo la muy puta, al tiempo que se deshacía de Susana, dejándola en cuatro patas, a merced de la cabalgata que iniciaba Alonso.
-Lo quiero aquí, me dijo, acostándose en la alfombra, y mostrándome su sexo inflamado. Para que voy a describir lo que pasó. Baste señalar que la muy caliente se lo engulló casi por completo, lo tomó con ambas manos y comenzó a darse la paja mas caliente que recuerdo. Estaba como loca con el pepino encajado, lo metía y lo sacaba, gozando como vegetariana. Mientras yo no paraba de corrérmela también. A nuestro lado, el muy puto de Alonso, en vez de pepino, enculaba a mi mujer con su pene, como en las mejores películas porno, de arriba hacia abajo, metiéndosela como si el tamaño no importara. Mi mujer, que frecuentemente le costaba aceptar mi verga entera, esta vez se despachaba el miembro de nuestro amigo, con pasmosa facilidad, aullando de placer. No pude aguantar, y me puse delante de ella, poniendo mi verga en su boca:
-mámala, cariño, y traga todo lo que puedas… le dije. No resistí más de tres profundas chupadas y derramé mis chorros en su garganta. Ella no dejó caer ni una sola gota, sorbiendo hasta la última, mientras gemía de gozo, con la verga de Alonso en su puerta trasera. Todos caímos al final, rendidos, cansados, calientes y muy satisfechos.
A pesar de los enredos, el intercambio había funcionado, y de qué manera. Estabamos agotados pero sonrientes y los temidos celos, no existían. ¿Sería todo así en adelante?

martes, diciembre 20, 2005

Intercambio (Cap. VIII)


Después de aquella intensa sesión, hicimos un brindis largo, bebiendo unas refrescantes caipirinhas. Nos sentíamos en absoluta libertad, tendidos en el sofá y en la alfombra, todos desnudos.
Pero la fogosidad y el deseo de esta fantasía hecha realidad eran muy intensos, como para agotarla y pensar que todo había acabado allí.
Susana y Betty, se miraron con complicidad y se levantaron. Betty se sentó sobre mis piernas, abriendo las suyas, de manera que mi verga se asomaba entre ellas, permitiendo que sus manos la aferraran, y comenzó a darme un masaje:
- Vamos a reanimar a este niño, dijo, con una sonrisa encantadora.
Susana, a su vez hizo lo mismo con Alonso, pero refregándose su verga entre sus labios vaginales.
Sin duda, los ánimos estaban de lo mejor, pues rápidamente nuestros miembros comenzaron a reactivarse, asomando su tiesura. Las chicas estaban encantadas.
- Que rico, Alonso, mira tu verga, como reacciona en mi conchita, dijo mi esposa, mirando con lujuria la herramienta que se erguía entre sus piernas, ya luchando por entrar en el depilado sexo de Susana. Ella seguía masajeando su clítoris con la verga de Alonso, el que estaba feliz.
- Ya, Camilo, tu herramienta está lista, dijo Betty, bajándose al piso-te lo voy a comer otra vez… , y dicho eso, engulló mi verga entre sus fauces, jugando de manera extraordinaria con su boca.
Sus dientes, su lengua caliente, su paladar, en fin su boca entera estaba convertida en una máquina de succión, que me hacía estremecer. No podía creer la capacidad de esa garganta, pues, a diferencia de mi esposa, que no podía engullírmela por completo, Betty, parecía tener adaptada su garganta como traga sables. Mi pedazo entraba hasta la raíz, llegando a acariciar el fondo de su boca, y luego se estrechaba, retirándola, como si fuera una funda, lo que me hacía estremecer. Ciertamente sabía mamar como puta¡
Como pude, entreabrí mis ojos y miré hacía el lado: Mi esposa estaba tendida en la alfombra, y con sus manos sostenía sus piernas, muy abiertas, con lo cual permitía que su vagina se abriera desmesuradamente. Esta era una posición que le gustaba mucho, y era un juego frecuente en nuestras noches, y decía que su fantasía era estar así frente a muchas vergas, pidiendo que la llenaran de semen. Así disfrutaba pidiéndome que le metiera lo que me diera la gana. Consoladores, velas, pepinos de variados tamaños, plátanos, frutillas, en fin, exploramos los más diversos objetos, saciando nuestras fantasías. Resultaba sorprendente la elasticidad de su sexo, que admitía cualquier intromisión. Y ahí estaba ahora, ofreciéndole su secreto a Alonso, incitándolo a inundarla como quisiera. Ni corto ni perezoso, Alonso le metía sus dedos, dos primero, luego tres y finalmente al ver que se distendía con facilidad, aprovechando la lubricación, empezó a meter su inmensa mano, la que pronto entraba y salía por completo, haciendo gritar de gusto a la muy puta.
- A Alonso le encanta ese jueguito, me dijo Betty…, conmigo también lo hace…
- En serio?, Betty, le dije…, pero tu conchita no parece muy grande…
- No creas, Cami, te sorprenderá…. Me dijo, al tiempo que se acostó en el suelo y repitiendo la escena, abrió sus piernas, como una contorsionista.
Lo que ví parecía fabuloso, el sexo de Betty era sorprendente, parecía una caverna elástica, que me invitaba a entrar…
Mi mano entró con facilidad asombrosa, pudiendo palpar cada pliegue de su interior, y comencé a sacarla y meterla, en una paja increíble.
Las dos hembras aullaban de placer. Hasta un punto en que las dos se fueron en un orgasmo escandaloso. Alonso estaba con su arma a tope, pues mientras usaba una mano en el goce de mi esposa, con la otra se masturbaba, de manera que casi enseguida, lanzó sobre el pecho de Susana, varios chorros de su leche.
Por mi parte, estaba en el mismo plan, así que también expulsé mi jugo sobre el cuerpo de Betty, la que empezó a restregarse el líquido en sus pezones y vientre, totalmente caliente.

lunes, diciembre 19, 2005

Intercambio (Cap. VII)


Se dejaron caer a un sofá, besándose como si la noche empezara recién. Susana metió uno de sus muslos entre las piernas de Betty, oprimiendo su vagina, refregándola con suavidad y buscando excitar el clítoris de su amiga. Betty por su parte, la besaba en el cuello, en la boca, mientras acariciaba sus pechos. Era un carnaval de carne, caliente, dándose con todo. Y ahí estábamos, sus maridos, contemplando el caliente show privado que nos brindaban.
-Que par mas caliente, no?, comentó Alonso, mientras se agarraba la verga.
-sin duda le dije, y parece que quieren olvidarse de nosotros, las muy golosas¡- mientras sentía que mi verga se ponía dura otra vez, ante aquel bello nudo de hembras.
Pero no las interrumpamos todavía, veamos adonde van, no te parece?
Claro, vale la pena mirar esto que no se da todos los días, ja ja ja…
Ellas seguían en su tórrida unión.
Susana parecía dirigir el juego, dando rienda suelta a su goce. Siempre había dicho, en nuestras fantasías, que sería capaz de hacer gozar de manera total a una mujer, y que anhelaba lamer un chochito, y sentir lo que producía su lengua. Y sin duda, estaba dando cumplimiento a su deseo, porque tenía a Betty de espaldas sobre el sofá, en un rico 69, con las piernas levantadas y muy abiertas, dándole una penetración lingual incomparable. Conocedora de los placeres orales en su propio sexo, que era su debilidad en nuestros encuentros amatorios, le propiciaba a su amiga, el mas sabio de los placeres que la boca es capaz de producir, lo que a juzgar por los verdaderos estertores del cuerpo de Betty, estaba logrando con creces. A su vez, le brindaba a Betty, la maravillosa visión de su sexo, a horcajadas sobre su cara, ofreciéndole toda la humedad caliente de su concha, para que se la chupara también. Y así, sus lenguas fueron cumpliendo sus cometidos, lamiéndose mutuamente, en un ritmo frenético, que pronto las hizo gemir de placer, alcanzando cada una un orgasmo bestial, que parecía interminable.
Cada una se retorcía de placer, ese placer que logrado se vuelve desesperante. Una quería que la lengua se retirara de su vagina, pero no sacar la propia de la vagina contraria, y así rodaron por la alfombra, gozando de forma indescriptible. Fueron minutos interminables, al cabo de los cuales se separaron, y se tendieron sobre la alfombra esta vez, una al lado de la otra, exhaustas, mojadas y satisfechas.
Les dimos un aplauso efusivo, y nuestras vergas les rindieron homenaje, lanzándole chorros de jugo a cada una de las atletas.

miércoles, diciembre 14, 2005

Intercambio (Cap. VI)


Susana se vino en un orgasmo intenso, gracias a mi lengua, justo en el momento en que hacía acabar a Alonso, con sus labios, bebiendo el jugo abundante.
Se tendieron en el sofá, exhaustos por sus orgasmos, y quedé allí arrodillado, con mi verga tiesa. Era el único que no había acabado ¡Muy lindo, dije, con ironía, todos gozan y yo no¡
Se rieron todos. Pero fue Betty la que se bajó, y me tendió en la alfombra, diciendo que ella me pagaría, por el fabuloso servicio que había recibido. Su boca comenzó a chupar mi verga, lamiéndola a todo su largo, incluyendo un paseo por mis bolas que me hizo aullar de gusto. Con su mano la levantaba y me metía su lengua en cada pliegue de mi sexo, sin duda era experta. Al ver ese tratamiento, mi esposa se unió a Betty, y entre ambas, lengua con lengua, comenzaron a darme la más sensacional mamada de mi vida. Entre tanto y tanto, sus lenguas se tocaban, enardecidas, y de pronto sus labios se unían en un ardiente y erótico beso, que me hacía calentar aún más. Alonso, al ver semejante sesión, se puso detrás de las dos, y comenzó a acariciar ese par de culos hermosos. Ambas hembras no disimularon el gusto que les dio, sentir los dedos del amigo recorriendo sus deliciosos y mojados rincones, lo que las hizo redoblar sus lametones a mi verga, con gran regocijo de mi parte, por supuesto.
La escena nuevamente era increíble. El cuadro que presentábamos allí era de alto contenido sexual. Pronto de mi verga saltaron los chorros de jugo, los que fueron disputados, gota a gota por cada una.
Sus bocas sorbían mis jugos, y se quitaban los hilillos de entre sus labios, dándose fogosos besos. Pasar a acariciarse sus pechos, abrazarse, y fundirse en un ardiente nudo de piernas y piel, fue casi la consecuencia natural de la calentura lograda.

martes, diciembre 13, 2005

Intercambio (Cap. V)


El placer era intenso, y de reojo miraba a Susana, que tendida sobre un sofá se acariciaba su sexo con fuerza, prolongando de manera solitaria el placer de esa fantasía hecha realidad. Su posición era extremadamente erótica, tumbada allí, con sus muslos abiertos y acariciándose embelesada por la visión que tenía delante de sus ojos. Verla así, nos unió a los tres, Betty, Alonso y yo, que nos lanzamos sobre ese manjar. Yo, a mi placer, chupar ese exquisito nido caliente de entre sus piernas, metiendo lo más profundo posible mi lengua, con lo que le arrancaba gemidos de hembra caliente. Betty, degustando con su boca los hermosos pechos de mi mujer, sorbiendo con dedicación sus pezones, y Alonso, poniendo su verga entre los labios de mi hembra, la que lo mamaba con deleite.
El espectáculo, desde mi posición, era impresionante, veía a Betty chupar los pechos, para lo cual abría sus piernas, una apoyada en el piso y la otra sobre el sofá, con lo que me mostraba la esplendidez de la curva completa desde su vagina hasta su trasero, línea que aún estaba brillante por los jugos derramados. No pude evitar la tentación de explorar ese forado, de modo que con el pulgar de mi mano derecha, le abrí con suavidad su rajita, la que se rindió con facilidad, haciendo que se estremeciera ese par de nalgas rosadas. Con sorpresa, Alonso siguió el juego y también unió un dedo a la penetración de su mujer, la que admitió, gozosa, esa nueva intromisión. Pero lo que la hizo saltar, y arribar a un intenso orgasmo, fue sentir la mano de mi mujer, que al ver el chochito de Betty, tan a su alcance, le introdujo un par de dedos en ella, masturbándola con deleite. Los gemidos de todos inundaban la habitación, en una mezcla de múltiples sensaciones, buscando el goce completo.

lunes, diciembre 12, 2005

Intercambio (Cap. IV)


Entonces, dándole a Betty unos cinco fuertes bombazos que le arrancaron otros tantos gemidos, me incorporé y, apuntando la cabeza de mi miembro hacia el exquisito hoyito de Susana, empecé a metérselo poco a poco para no lastimarla. Al principio empecé a presionar lentamente, de manera que su exquisito forado se adaptara a mi lanza, para después tomar un ritmo más sabroso. Susana se agachó y se pegó mas a Alonso para recibí mejor aquella caricia, lo cual Alonso aprovechó para mamar los pechos de mi esposa a placer, mientras Susana gemía y gritaba como loca al cumplir su fantasía.
- ¡Oh, grandioso!, ¡Al fin tengo dos buenas vergas dentro de mi!, ¡Que buena cogida me están dando!, ¡Por piedad, no paren!.
Betty, mientras tanto, se había arrodillado justo detrás de mí, de manera que podía gozar plenamente el espectáculo de observar la doble penetración de mi esposa.
Oye, Betty- dije después de un rato de estar cogiendo en esa posición- ¿Por qué no le das a mamar tu chochito a tu esposo?.
- ¡Si, mi vida!- contestó Alonso- ven que te quiero comer ese hoyito lindo.Betty se paró y, subiéndose al sillón, quedó de frente a Alonso y, agachándose, le dio a mamar su rico y jugoso sexo. Los dejé que gozaran un rato así hasta que, tomando las manos de Alonso y poniéndoselas en las nalgas de Betty, le dije: ¿Me ayudas?
¿Qué quieres que haga? –contestó
Ábrele las nalgas a tu esposa y ofréceme su culo delicioso para que yo pueda lamerlo y comerlo como quiera, mientras tu le mamas adelante.
- ¡Ay, si mi vida! – dijo Betty- ¡Ábremelas y deja que Camilo me coma! ¡Caliéntenme para que después, yo ocupe el lugar de Susana! ¡Yo también quiero sentir dos vergas dentro de mí!
Entonces Alonso le abrió las nalgas y yo pude contemplar un culito delicioso, al cual, después de darle un beso cariñoso, empecé a lengüetear y mordisquear con pasión. En ése momento, fui conciente de que en la sala de nuestra casa, solo se oían suspiros, quejidos y gemidos a causa del mucho placer que estábamos sintiendo todos. Así estuvimos un muy buen rato hasta que, no pudiendo soportar mas, Susana se vino estrepitosa y escandalosamente.
Momentos después, era Betty la que ocupaba el lugar de Susana, atrapada entre nosotros con la verga de Alonso en su panochita y mi verga entre sus nalgas. Ella gemía y se movía frenéticamente al sentirse perforada a la vez en sus deliciosos hoyitos, mientras Susana, cansada, observaba la escena fascinada.
- ¡Ay, Betty!- le dije- ¡Ya no puedo contenerme! ¿Dónde quieres mi lechita, amiga?
- ¡Dentro de mí! – contestó- ¡Quiero que los dos se vengan conmigo dentro de mí! ¡Llénenme de su leche calientita!
No pudiendo soportar mas, entre los gemidos y gritos de placer de Betty y los míos propios, solté mi descarga en el interior de mi amiga, mientras Alonso daba claras muestras de estarse viniendo en su vagina. Sacamos los dos miembros chorreantes de Betty, la que arrodillándose, cogió cada verga en una mano y procedió a sorber hasta la última gota de cada uno.

viernes, diciembre 09, 2005

Intercambio (Cap. III)


Ella se arrodilló delante de mí y empezó a lengüetear la cabeza de mi verga como si estuviera comiéndose un helado, para después metérsela toda en la boca y chuparla con pasión. Después de un rato de estar así, escuché a Alonso que decía:
Oye, Betty, ven para que te mamemos ahora como querías.Y así, Betty se sentó en medio de nosotros, tomando nuestras vergas en sus manos y sobándolas, mientras nosotros le sorbíamos los pechos y Susana se hincaba a su vez frente a Alonso para seguir su labor.
¿Rico, mi vida? –le pregunte a Susana.
¡Mmmm! –dijo con la boca llena de verga- En verdad que tiene un pito delicioso. Está muy jugoso.
Después de un rato de estar así, nos separamos para desnudarnos totalmente y así poder contemplarnos a gusto. En verdad que Betty tenía un cuerpo delicioso con un culito muy redondo y un vulva peludita que invitaba a comérsela.- Oye, Alonso, ellas ya tuvieron su juguete en la boca y lo gozaron a placer, ¿No crees que es hora que nosotros les correspondamos?
- ¡Claro, Camilo! – dijo Alonso, ya con toda la confianza del mundo- ¡Oye, Susana! ¿Por qué no te subes al sillón y me pones tu conchita en la boca? ¡Tengo ganas de comerte toda!
¡Claro, Con todo gusto!
¡Y tu, Betty, ven y dámela tu también!
Ellas se subieron al sillón y, parándose frente a nosotros, se agacharon un poquito, de manera que sus choritos quedaron justo en nuestras bocas. Yo empecé a besar y lamer la vulva de Betty, la cual estaba húmeda y rezumando jugos de su excitación. Después de pasarle la lengua por todos lados, me fui directo a su clítoris para chupárselo, mordérselo y besárselo de manera que ella empezó a emitir unos quejidos deliciosos que me hicieron saber que en verdad estaba gozando con mis caricias. Escuchaba también a Susana como gozaba de las caricias de Alonso y de cuando en cuando, volteaba a ver las caras de placer que ellas tenían y que a mí me excitaban mucho. En una de tantas miradas, puede ver como ellas, seguramente excitadas al máximo, volteaban sus caras para fundirse en un beso erótico y caliente. Sus lenguas se restregaban con pasión mientras se acariciaban mutuamente los pechos para tratar de calmar su calentura. Estuvimos un muy buen rato así hasta que Susana se bajó del sillón y, agachándose, volvió a tomar la verga de Alonso en su boca y a mamársela con desesperación. Yo, al ver sus hermosas nalgas al aire, no pude contenerme y, dando un último lengüetazo a la concha de Betty, me paré, apunte la cabeza de mi verga hacia el hermoso hoyito de Susana y empecé a metérselo poco a poco, de manera que ella pudiera gozar de mi cogida, mientras Betty se paró a mi lado y besándome, agarró con una mano mis huevos y empezó a darles un masaje delicioso. Yo sentí riquísimo al saber que por un lado, ella me besaba y me agarraba la verga y, por el otro, me estaba cogiendo a Susana en esa posición, quien ya para entonces gemía y se quejaba de una manera por demás excitante, sin dejar lugar a dudas que le estaba gustando la orgía que le estábamos dando.
- ¡No seas malo, Camilo! – dijo Betty- ¡Yo también necesito que me consueles! ¡Necesito tener tu verga dentro de mi!
¡Pues ven, mi querida amiga!. Siéntate en el sillón y abre tus piernas para que te pueda meter mi consolador.
Betty se sentó en el sillón con sus piernas bien abiertas, yo me hinqué y, apuntando la cabeza de mi verga hacia su coñito precioso, se la metí de un solo golpe. Betty suspiró y emitió un quejido largo que me demostró por demás que le gustó sentir mi miembro dentro de ella. Susana, mientras tanto, se volteó dando la espalda a Alonso y, tomando su verga en su mano, se la acomodó, dejándose caer en ella y recibiendo una profunda penetración. Ni tardo ni perezoso, Alonso empezó a sobarle y a pellizcarle las tetas a Susana para aumentar mas su placer, mientras que yo por mi lado, seguía cogiéndome a Betty y, aprovechando la posición, también le mamaba los pechos. Ella se movía frenéticamente, de tal manera que al poco tiempo de estar cogiendo, tenía sus nalgas al aire, lo cual me facilitaba enormemente las cosas para meterle la verga hasta adentro, para arrancarle gemidos de placer.
Mientras tanto, Susana se había volteado de cara a Alonso, quien continuaba sentado y con su verga dentro de mi esposa, que subía y bajaba de esa verga en forma moderada, imagino para poder gozar plenamente la caricia que recibía. Al ver las nalgas de Susana como subían y bajaban, voltee a ver a Alonso y le dije:
- ¿Sabes, Alonso?, Susana y yo siempre hemos tenido la fantasía de coger con otro hombre al mismo tiempo. Tu sabes, tener dos vergas dentro de ella al mismo tiempo.
¿Te refieres a una doble penetración? –preguntó incrédulo.
Si – contestó Susana- y como Alonso ya está deliciosamente acomodado en mi chorito, ¿por qué no me la metes tu por detrás, mi amor?
¡Guau, Susana!- intervino Betty con mi verga aun dentro de ella- ¡Jamás pensé que fueras tan caliente, ni que Camilo cogiera tan rico!
¿Me das permiso, mi linda amiga?- pregunté a Betty.
¡Claro, mi amor! ¡Esto es algo que tengo que ver!

miércoles, diciembre 07, 2005

Intercambio (Cap. II)


Al principio ella me vio con ojos de sorprendida, como quien ve las cosas y no quiere aceptar que es real. Después miró a Alonso y, tomándole una mano, nos dijo:- La verdad es que nosotros también fantaseábamos con esto, pero jamás se nos ocurrió realizarlo. Por mi parte, Camilo, hace mucho que me pregunto como serás en la cama y, dado que vamos a estar los cuatro presentes, pienso que es una forma más de amistad.
Ya para entonces vi que Alonso empezaba a tocarse la verga por encima del pantalón. Entonces decidí que era hora de dar el siguiente paso y le dije:
- Pero Alonso, ¿qué haces sentado ahí?, ¿Por qué no vienes al lado de mi esposa y me ayudas a acariciarla?
El se paró de donde estaba y se sentó al lado de Susana, pero todavía no se animaba a nada, así que tomé la mano de Alonso, la puse en la pierna de Susana y le dije:
Vamos, vamos, ¿a poco no tenias ganas de acariciarle las piernas a mi esposa?. Sin miedo, que como yo estoy aquí pues te doy permiso.
Y mientras Alonso tenía su mano en la pierna de Susana, yo puse mi mano en la otra y empecé a acariciársela, como para darle confianza a mi amigo. Al ver que no había problema, Alonso también empezó a acariciarle las piernas. Al tomar mayor confianza, ocasionalmente le pasaba la punta de los dedos sobre las letras de su tanga. Yo me daba cuenta porque Susana se estremecía cada vez que sucedía. Susana cerró los ojos y empezó a gozar aquellas caricias, mientras Betty, sentada frente a nosotros, contemplaba hipnotizada aquella erótica escena, sin percatarse de que su blusa entreabierta mostraba un delicioso pecho, albísimo. Susana empezó a gemir por el placer de las caricias cuando le dije a Alonso:
- ¿Sabes?, Susana tiene una fantasía erótica que tu podrías ayudarme a realizar.- ¿De que se trata? –me contestó sin dejar de mirar a mi esposa.- Pues es muy sencillo. Resulta que Susana tiene unos pechos muy sensibles, a los que les gusta que se les bese y se les mame con ternura, pero estando solos, solo podía ocuparme de uno y ella quiere sentir que se los mamen los dos al mismo tiempo. ¿Podrías ayudarme al respecto?
Con todo gusto –respondió.
Entonces entre los dos empezamos a desabotonar la blusa y acariciarle los pechos por encima del brassiere. Susana estaba para ese entonces excitadísima y de pronto pude sentir una mano que empezaba a acariciar mi verga por encima del pantalón. Mire las manos de mi esposa y pude darme cuenta que era ella quien me acariciaba con la mano izquierda, mientras que con la derecha hacia lo mismo con el bulto de Alonso. Sin saber exactamente en que momento, sacamos los senos de Susana al aire y empezamos a besárselos y lamérselos con delicadeza.
- ¡Mmmmm! – dijo Susana- En verdad es tan rico como siempre me había imaginado. ¡Tienes una lengua deliciosa, Alonso! ¡Betty también debe gozar con tus caricias!
Mientras seguíamos así, mire hacia la panochita de Susana y me di cuenta que Alonso no solamente le daba placer con una mamada deliciosa, sino que, haciendo a un lado la pantaleta de Susana, había metido su mano y le estaba metiendo un dedo, a lo que Susana respondía con una creciente excitación.
- ¿Sabes, mi amor? –le dije a Susana- Creo que la verga de Alonso está muy incomoda ahí apretada. ¿Por qué no se la sacas para que se la puedas acariciar mejor?.No tuve que decírselo dos veces, ya que en ese momento tomo la cabeza de Alonso y ambos se fundieron en beso calientísimo, a la vez que sus dos manos se dirigían hacia el cierre del pantalón de Alonso y, en un abrir y cerrar de ojos, le sacó la verga, con la que empezó a juguetear. Yo estaba hipnotizado viendo como mi amigo y mi esposa se fundían en un beso erótico, contemplando como sus lenguas se entrelazaban con pasión y observando como Susana empezaba a sobar la verga de mi amigo, cuando de repente siento yo a mi vez una mano que empieza a bajar mi cierre. La verdad es que me había olvidado por completo de Betty, quien, seguramente, también se había calentado al contemplar a los amigos gozándose enfrente de nosotros.
- ¿Me permites, Camilito? – me dijo.- Adelante, Betty, sírvete con confianza.- En verdad que ver a mi esposo con tu mujer me ha puesto muy caliente. Jamás pensé que podría ponerme así de excitada.
- ¿Te gusta?
¡Claro! –contestó mientras empezaba a sobar mi miembro- pero ahora que acaben ellos, yo también quiero que los dos me mamen al mismo tiempo.En ese momento voltee a verlos y vi que Alonso se había acostado en el sillón y Susana estaba a gatas sobre el, haciendo un formidable 69, lo cual me calentó muchísimo.
Oye, Betty, se ve que ellos lo están pasando muy bien, ¿Por qué no hacemos tú y yo lo mismo mientras esperas tu turno?
¡Mmmmm!, pensé que jamás me lo pedirías.

martes, diciembre 06, 2005

Intercambio (Cap. I)


Mi nombre es Camilo, y mi Esposa se llama Susana. La historia que les voy a contar ocurrió en una fiesta familiar. La fiesta empezó temprano, así que la mayoría de los invitados se empezaron a retirar alrededor de las 9 de la noche. Para eso de las 12 de la noche, ya solo quedábamos nosotros y una pareja amiga, Betty y Alonso, ambos afines con nosotros. Siguió la conversación por diversos caminos hasta que ésta empezó a tomar el camino del sexo. Empezamos a hacer comentarios cada vez mas abiertos sobre nuestros gustos y opiniones sobre diversos temas y así la conversación empezó a caldearse. Me di cuenta que mi esposa se estaba calentando, ya que se le empezaron a notar los pezones en la blusa. Hacia algún tiempo habíamos fantaseado con realizar un intercambio con alguna pareja amiga, pero no nos animábamos al tratar de hacerlo realidad. Aprovechando una ida a la cocina a servir más tragos, yo le pregunté que le estaba pareciendo la conversación, a lo que ella me contestó que no había podido evitar el calentarse. Yo me había dado cuenta que nosotros tampoco le éramos indiferentes a nuestros amigos, así que decidí proponerle a Susana si le gustaría tener nuestro primer intercambio con ellos. Ella me contestó fascinada que si, pero que como le haríamos. Yo le dije “tu déjame y sígueme la corriente, pero sobre todo, confía en mí”. Ella aceptó y regresamos a seguir nuestra conversación como si nada. Fui empezando a orientar la conversación hacia el tema del intercambio y la opinión que teníamos de ello:
- Y ustedes ¿qué opinan de las parejas que se intercambian?
Pues mira –me dijo Alonso- yo pienso que no hay cosa mas buena y mas sana que cada quien haga lo que se le de la gana.
Así es –intervino Betty- Además, si una pareja explora y disfruta de esa manera su sexualidad, sin dañar a nadie ¿Qué tiene de malo?
- Eso dices porque es una actitud hipotética –le contesté- pero ¿pensarías lo mismo si Alonso estuviese en ese caso? ¿o tu?
- Pues si yo estuviera presente y viera que Alonso le interesara que disfrutáramos, estoy segura que no tendríamos mayor problema –dijo Betty.- Ni yo tampoco –remató Alonso.
No les creo nadita –les contesté- y me gustaría probárselos.
- ¿A, sí? ¿y como planeas hacerlo? –dijo Alonso.
Pues así –le contesté.
Susana y yo estábamos sentados frente a ellos y ella llevaba una falda que le llegaba a media pierna (debo comentar que tiene unas piernas muy bellas) y que al sentarse se la alzaba bastante, aunque no como para ver nada, así que en ese momento me volteé y, sin previo aviso, la tomé con mis manos de las rodillas y le separé las piernas, de manera que quedaron expuestas tanto sus piernas deliciosas como la tanga que llevaba ese día. Me sorprendí yo también, al ver la desconocida prenda, blanca y semitransparente con la palabra "Sexy" en rojo.
- ¡¡¡Camilo!!! – exclamó ella por la sorpresa.
- ¿Qué haces? –dijo Alonso con expresión de asombro, pero sin apartar la vista hacia Susana.
¿Estas loco? –preguntó Betty.
Vamos, Alonso, no te hagas el loco –contesté. Yo sé que te gusta mucho Susana y que desde hace tiempo te morías por estar en una situación así. Ahora dime, ¿Qué te parecen las piernas de Susana?
Sobrepuesto de la sorpresa inicial, Alonso me sonrió con sorna y empezó a mirar con descaro las piernas de mi esposa. Después de un momento exclamó:- Con todo respeto, Susana, la verdad es que tienes unas piernas maravillosas y las luces maravillosamente. Luego dijo, mirándome: Tienes razón, Camilo, la verdad es que me gusta tu esposa desde hace mucho tiempo, pero jamás me imaginé que algún día esto sucediera.
Hacia tiempo que lo sospechaba –le contesté- y la verdad es que teníamos ganas de hacer esto y conocer su reacción. Por lo que veo, a ti te gustaría, pero resulta que somos cuatro y necesitamos estar de acuerdo todos, o mejor no hacemos nada y seguimos con nuestra amistad como de costumbre. Después miré a Betty y le pregunté ¿y bien, Betty? ¿Cuál es tu opinión al respecto?

jueves, noviembre 17, 2005

El valor de la amistad (Cap.VI)


Permanecimos abrazadas durante un par de minutos para después seguir besándonos, rozándonos, acariciándonos. Esta vez fue mi boca la que fue recorriendo su cuerpo: mis labios se desplazaban por su cuello, luego sus hombros, sus pechos, su cintura, hasta que quedó boca arriba. Metí mi cabeza entre sus piernas y empecé a lamerle las ingles al tiempo que ella se agarraba fuertemente a mi cabeza, sus piernas estaban totalmente abiertas recibiendo mis caricias y besos. Cuando mi lengua tocó su sexo sentí un sabor extraño para mi, pero al mismo tiempo muy agradable, le quise recompensar los dos orgasmos que había tenido gracias a ella y empecé a comérselo de verdad, mis uñas se clavaban en sus muslos, mis manos intentaban alcanzar sus pezones y mi lengua y mis labios jugaban con su chochito y su clítoris, hasta que llegó al orgasmo, su cuerpo se tensaba por momentos y luego se relajaba con un profundo suspiro, para luego pasar a un grito más y más fuerte que llegó a asustarme. No cabía duda de que había conseguido darle muchísimo placer.
Otra sensación nueva para mi fue cuando nuestros cuerpos se entrelazaron de tal manera que nuestras piernas hacían de tijeras las unas con las otras hasta llegar a contactar sexo contra sexo, cuando sentí su coño contra el mío un escalofrío me recorrió desde la nuca hasta los pies, era como un chispazo, como una descarga eléctrica, después ella se acercaba a mi y se alejaba para que nuestros sexos depilados y húmedos volvieran a besarse en un acto alucinante, parecía que nuestros labios se juntaban como dos bocas, como nuestros líquidos bañaban nuestros muslos, y nuestros clítoris chocaban, duros y erectos, inflamados. Imaginé al ver nuestros sexos unidos, cómo se sentiría Carlos si las dos estuviéramos así sobre él, sin duda pondría su polla alzada, entre ambos sexos, erguida como un poste asomando de nuestra exquisita unión. De nuevo tuve un orgasmo intenso y ella casi a continuación, esta vez llegué a perder un poco la noción del tiempo, donde estaba, con quien estaba, era como un desmayo, cerré los ojos y me dejé llevar a un mundo desconocido y lleno de placer con otra mujer.
Volvimos a abrazarnos, a acariciarnos y así permanecimos un largo tiempo, tocando nuestros desnudos y sudorosos cuerpos.
Luego nos duchamos juntas para seguir con nuestras caricias y nuestros besos y acabar delante de un espejo riéndonos y viendo como había quedado mi coñito igual que el suyo sin un solo pelo, nunca me lo había visto así y me veía extraña, pero más extraña había sido aquella sesión de sexo con mi amiga. Sentí una vez más, que había dado un nuevo paso para acercarme al placer total.

miércoles, noviembre 16, 2005

El valor de la amistad (Cap.V)


- Lo primero - dijo - es cortar con las tijeras todos los pelitos más largos para que sea más fácil con la máquina.Yo me tumbé por completo en la cama y me dejé hacer, ella lo hacía con mucha suavidad y con mucha dulzura. Una vez acabó con las tijeras, me extendió una especie de bálsamo blanquecino y lo dejó actuar sobre mi pubis.- Con esto, los pelos se debilitarán y ahora vas a sentir un poco de dolor, pero solo un poquito.La depiladora eléctrica se posó sobre mi sexo y comenzó el trabajo. Los primeros tirones eran algo dolorosos, pero soportables, pero a medida que aquella maravillosa máquina trabajaba iba haciendo unos masajes en la zona y el dolor se convirtió en una especie de cosquilleo. Yo cerré mis ojos y dejé hacer, era como sentir la aproximación de uno de esos juguetitos eléctricos que usaba a veces en las mañanas. Con sus dedos me tocaba las ingles, rozaba mi pubis, separaba mis labios y seguía recorriendo todo mi sexo. Yo ya estaba supercaliente y sabía que ese juego no podría detenerse. Yo conocía mi carne y solo pensaba en la sorpresa que daría a Teresa cuando se desatara mi volcán. Sentí que sería rico contarle a Carlos que finalmente había conseguido lo que él tanto quería, y sabía que me retaría por haberlo omitido en la fiesta. Aquellos masajes me estaban volviendo loca. Cuando me quise dar cuenta, estaba totalmente depilada, nunca había visto mi sexo así, siempre acostumbro a recortármelo, depilarme las ingles, pero nunca me había visto así sin ningún pelito, parecía el chochito de una niña.- Ahora lo tienes un poco irritado y sonrojado, pero en cuanto te dé el aceite notarás más alivio. - me comentó.Así fue, aquel frío aceite producía una agradable sensación después de haber estado toda la zona un poco sensible a la depilación.- Te ha quedado perfecto - dijo - verás esta noche como Carlos quiere comérselo...hay que variar el manjar, linda...Sus manos no dejaban de acariciar mi sexo y yo me dejaba hacer, me encantaba, sentía un gusto increíble. De repente, encontré su cabeza entre mis piernas y sus labios empezaron a besar toda mi intimidad, había conseguido calentarme increíblemente y seguramente ya se había dado cuenta de lo mojada que tenía mi zona crítica, pues yo estaba totalmente entregada a todo lo que me hiciera. Después fue su lengua la que empezó a rozar mis ingles, mi monte de venus y a continuación recorrer cada rincón íntimo, lo hacía con maestría y cuando rozó mi clítoris emití un gemido intenso y cargado de placer, pues con Carlos era distinto, era igual de placentero, pero la dulzura se sentía diferente, algo en el roce de la lengua, la diferente manera de succionar, la suavidad. Primero se retiraba, me miraba a los ojos, me sonreía y a continuación seguía chupando, besando y lamiendo mis labios vaginales, su lengua hacía maravillas y en pocos segundos me invadió un orgasmo delicioso, y distinto a los que había tenido con un hombre.- Ahhhhh, ahhhhh, Teresa, que bien.... - es lo único que alcancé a decir.Me sonrió y siguió acariciando mi sexo con una mano mientras con la otra rozaba mis duros pezones al mismo tiempo que con su boca seguía el contorno de mis muslos. La muy cabrona sabía como dar gusto y yo estaba en la gloria.- ¿Te ha gustado? - me preguntó.- ¿Que si me ha gustado?... me ha encantado.Se colocó encima de mí de tal forma que quedamos abrazadas, como dos cuerpos fundidos, yo debajo y ella sobre mí. Nos besamos, esta vez nuestras lenguas jugaban, nuestros labios se mordían mutuamente. Al mismo tiempo nuestros pechos se juntaban y nos acariciábamos todo el cuerpo, yo rozaba su lindo trasero y ella abarcaba con sus manos desde mi cintura a mis caderas para luego subir hasta mis senos. Recordé una vez más la experiencia anterior con Sandra, (por si no la recuerdan, está en el post "La Fantasía" de octubre 2005), pero si aquello fue un dulce inicio, esto era otra cosa y de verdad que el placer que sentía era increíble, además Teresa era una experta y sabía proporcionar muchísimo placer.Ella bajó un poco más mordiéndome en el cuello para luego chupar mis pechos y lamer y mordisquear mis pezones, mis gemidos iban en aumento y estaba llegando a mi segundo orgasmo. Se puso de costado y con su mano fue bajando hasta tocar mi depilado coñito con sus dedos, metió uno, dos y tres de ellos en mi vagina y comenzó a entrar y salir con ellos, jadeando y lanzando frases entrecortadas. Sin duda estaba tan caliente como yo, ensimismada en el juego, tan conocido para mí. Al igual que mi marido, se dio cuenta que mi túnel tenía mayor capacidad, y no tardó en probar con cuatro y cinco dedos, los que acogí con mucha facilidad, acostumbrada como estaba a la verga gruesa de Carlos. Así que al ver Teresa la holgura de aquel rico estuche, y por los movimientos que yo hacía con mi cuerpo, incitándola a seguir, no dudó felizmente en cerrar su pequeña mano y comenzar a penetrarme lenta, pero sostenidamente. Abrí mis piernas y mi vulva a más no poder, para permitir que Teresa lograra su meta. Sentí su puño, como un inmenso y duro miembro que se hacía paso por mi canal, realmente era una sensación tremenda, primera vez que me sentía llena de carne, que mis músculos a duras penas podían comprimir, me dí por vencida y me dejé penetrar, disfrutando la enormidad, pronto mis jugos abrazaron a mi gigante y Teresa pudo sentir, en su mano, las oleadas de placer que logró arrancar de mi sexo. Teresa, sin saber, había logrado la meta que mi marido buscaba tanto tiempo. Se sentiría feliz, pues yo sabía que era posible, y creo que ahora, mi vulva no pondría obstáculos.

martes, noviembre 15, 2005

El valor de la amistad (Cap.IV)


Dos días después yo había quedado con Teresa para ir de compras. Siempre lo solíamos hacer juntas, pero esta vez la cosa era diferente, desde la noche anterior ya no miraba a Teresa solo como una amiga, sino que la miraba de otra manera, con un deseo que me hacía estar casi, un poquitín, confundida. Quedamos de encontrarnos en una cafetería cercana a un Mall, preferido por estar ahí las grandes tiendas. Como siempre ella era objetivo de las miradas de todos los hombres y mujeres: Una blusa sin mangas color blanco remarcaba su pecho y su piel morena, unos jeans ajustados le proporcionaban unas piernas de modelo y un trasero de exposición. Ella hacía sus movimientos con naturalidad, sabiendo que era observada por todo el mundo, se sentó frente a mí y tras dos besos en la mejilla charlamos como dos buenas amigas que éramos.
A continuación empezamos nuestro recorrido de tiendas. Las mujeres ya se sabe, cuando nos ponemos a eso, no paramos, una tienda aquí, un modelito por allá, en fin que anduvimos un par de horas. Yo en la última tienda tenía los pies destrozados y estaba sudando del calor que producen los focos en los reducidos probadores.
- Creo que me voy a rendir Teresa, tengo los pies molidos... - le dije mientras entrábamos en la última tienda.
- Este es el último sitio, me pruebo unas braguitas y lo dejamos.
La cosa empezó por escoger unos 3 o 4 modelos de lencería de lo más sexy para las dos, no es que los fuéramos a comprar todos, pero aprovechamos para probarnos un poco de todo. Nos metimos en el probador y Teresa comenzó a quitarse la ropa con toda la naturalidad del mundo, al fin y al cabo éramos dos mujeres. En pocos segundos se quedó desnuda frente a mí. No pude evitar observarla de arriba a abajo, como siempre fantástica, sus bien puestos pechos, su estrecha cintura, sus adorables muslos y su coñito que por cierto estaba completamente afeitado, lo que la hacía parecer mucho más niña y mucho más sexy. Sentí un escalofrío y me di cuenta que me estaba calentando con solo mirarla. Al mirar su pubis no pude dejar de recordar a la pequeña Sandra, con la que probé esos novedosos deleites.
- ¿Tienes depilado todo el...?
- ¿...coño? - respondió sin dejarme acabar la frase.
- Si.
- ¿Te gusta?
- Si, yo nunca lo he hecho, me da no se qué, es que a Carlos le gusta jugar así...., no sé...
- ¿Nunca te lo has afeitado?
- No, aparte que no sé si sabría hacerlo.
- Es muy fácil y no veas como vuelve de locos a los tipos, ( y a las mujeres también, pensé maliciosamente), se lo quieren comer nada más verlo así, es como un juguete para ellos, además está más suave y más blandita toda esa zona, mira, tócalo.
Me tomó una mano y me invitó a acariciar su suave pubis como la piel de un bebé. Sentí otro escalofrío y con mis dedos recorrí sus ingles y su monte de venus. Era un acto de lo más ingenuo pero al mismo tiempo muy trasgresor. No podía decirle que ya había probado delicias semejantes, y que me moría de ganas de reincidir.
- No tienes ninguna marca de pelo, ni granitos, ni nada, ¿no se te irrita? - pregunté.
- No, mira, acostumbro a usar una depiladora eléctrica que masajea la zona y casi no duele nada, arranca el pelo de raíz y luego uso un aceite especial que me deja la piel muy suave. ¿Quieres que te ayude a ti a hacerlo?
- No sé...
- Vamos no seas tonta, si casi no duele nada…
Yo deseaba hacerlo, pero más que por depilarme porque ella me lo hiciera, sentir sus manos tocándome lo más íntimo de mi ser.
No lo dudé por más tiempo y nos dirigimos a su casa, pues aprovechando que no había nadie, ese era el mejor momento de hacerlo, además le daría una buena doble sorpresa a mi marido. La idea me gustaba.
- Verás - me dijo - lo primero hay que darse un prolongado baño de sales para que todos los poros queden bien abiertos y así será menos doloroso. Nos bañaremos juntas y así aprovecho para depilarme un poco las axilas.
- Pero si no tienes pelos.
- Si, son muy débiles, pero hay que quitárselos antes de que se hagan fuertes.
Yo creo que aquello era una excusa para que nos bañáramos juntas, estaba más que claro que yo también le gustaba a Teresa y que quería algo más que depilarme, pero también es verdad que yo estaba dispuesta a todo.
Allí, en un momento nos desnudamos las dos, nos observamos mutuamente y nos metimos en la bañera, una frente a la otra. Nuestras piernas se rozaban bajo el agua y aquella sensación me producía mucho gusto, me encontraba muy bien así frente a ella, estando tan cerca.
Después del prolongado baño, salimos nos secamos y me invitó a tumbarme en la cama de su habitación. Ella se despojó de la toalla e hizo lo mismo con la mía.
- Así estaremos más cómodas. - dijo.
A continuación se extendió el aceite en sus pechos y me invitó a tocarla de nuevo para ver la suavidad que producía aquel líquido en sus pechos. Lo cierto es que estaban muy suaves, muy blanditos, era una sensación muy placentera.
Yo me coloqué al borde de la cama, ella me abrió las piernas y comenzó la tarea.

lunes, noviembre 14, 2005

El valor de la amistad (Cap.III)


No entendía muy bien de que iba todo aquello, pero a esas alturas de la noche y con el alcohol que tenía encima ya no me importaban muchas cosas y la vergüenza daba paso a la curiosidad, así que me dejé llevar...
Bajamos las escaleras de la mano, como dos buenas amigas que éramos, nos plantamos en medio de la improvisada pista de baile y muy abrazadas comenzamos a bailar juntas al ritmo de una canción lenta. Todo el mundo nos observaba y aunque conocían las locuras de Teresa (incluída yo), no sabían hasta donde podíamos llegar...
Nuestros pechos se juntaban en aquel baile, pero no en un simple roce, sino directamente chocando entre sí a modo de lucha. Sus brazos recorrían mi espalda y las mías hacían lo propio en la suya. Nuestras cabezas estaban pegadas pero solo se separaron cuando ella me miró fijamente a los ojos, me sonrió y me plantó un beso en los labios. Yo en un principio me separé, pero ella me recordó nuestro plan. Un aplauso de los demás invitados aprobó el show.
- Sígueme amiga, es solo un juego...
Teresa seguía contoneándose y nuestras piernas se entrelazaban a cada paso, sus manos en instantes bajaban por espalda a mi trasero para sobarlo con ganas y apretarlo para pegarme aún más a ella. Yo miraba de reojo a Carlos que no sabía muy bien para donde iba todo aquello, su cara era de incredulidad pero al mismo tiempo nos miraba excitado, yo se lo notaba.
Teresa volvió a besarme, pero esta vez más entregada a mi papel en el juego, se lo devolví. Luego ya no fue un ligero beso, fueron nuestros labios los que empezaron a jugar en medio de las miradas de todos, que por entonces habían incluso dejado de bailar, tan solo para mirar. Unos reían, otros hacían como que se escandalizaban y algunos estaban realmente calientes, no había más que verlos...
Aquella situación no me incomodaba, todo lo contrario, me sentía muy a gusto, en parte por lo medio borrachilla que ya estaba, en parte por eso de poner caliente al entorno y en parte, aunque ésta no acababa de asimilar, porque Teresa me gustaba mucho, tanto que en ese momento la deseaba.
Ella sabía hasta donde podía llegar y hasta donde podía llevarme a mi, sin duda manejaba la situación a su antojo y llegó a ponerme tan caliente que no me hubiera importado nada desnudarme en medio del salón, sin embargo, después de darnos unos buenos tanteos, juntando nuestras lenguas, sobando nuestros pechos y acariciando nuestros traseros, dimos por finalizada la erótica sesión cuando hubo acabado la canción.
Después de la fiesta todavía andaba yo caliente y al llegar a casa le hice a mi maridito una sesión especial en la que disfrutamos muchísimo, hicimos el amor como pocas veces...volviendo a nuestras primeras fantasías, con Teresa en nuestra cama, siendo motivo para que ambos, nos corriéramos intensamente, gozando de su cuerpo imaginario, a nuestro antojo. A diferencia de las fantasías, ahora tan lejanas, disfruté de mi imaginación como nunca, teniendo fresca en la memoria las caricias tan recientes de Teresa. Sentía, a pesar de todo, que algo estaba inconcluso y que en algún momento, estaría de nuevo con mi amiga…

jueves, noviembre 10, 2005

El valor de la amistad (Cap.II)


Después de la cena, nos reunimos en el salón para celebrar con champagne la ocasión que nos había reunido allí. A partir de ahí, las copas iban y venían hasta ponernos todos en un tono más que subido, seguimos bailando, cambiando de pareja y divirtiéndonos de lo lindo, el alcohol ayuda a desinhibirse y en una ocasión que subí a las habitaciones del segundo piso me encontré con varias parejas que hacían algo más que bailar encima de las camas.Abajo continuaba la fiesta y cuando regresé me encontré a Carlos bailando con Teresa, estaba totalmente pegado a ella y la miraba embobado mientras disfrutaba del baile y de su lindo cuerpo, no se lo reprochaba y además era mi amiga, ni siquiera me importaba que él intentara una y otra vez propasarse hacia su trasero muy redondo y levantado, pero ella muy hábilmente sabía zafarse de su acosador. Por lo demás si algo hubiera resultado, yo sabía que tendría mi parte en el botín... Su vestido la favorecía aun más y aquella abertura en uno de sus muslos que mostraba más de la cuenta la hacían aún más atractiva y deseada.En una ocasión ella me pidió que le acompañara al baño, allí compartiríamos nuestros secretos y nuestras cosas, como siempre nos gustaba hacer desde hace tiempo.- Oye, como está tu marido ¿eh? - me dijo.- ¿Si? ¿por qué?- Porque le veo muy caliente, se ha pegado a mí como una lapa y he notado que la tenía dura como una roca, vamos, que estaba como una moto, seguro que esta noche te hace un hijo, jajajaja.- Amiga mía, es que contigo no hay quien pueda, es que pones a todos a cien.- Vamos, no seas modesta, que tú también les pones a correr a todos.- ¿Yo?- Si, antes cuando bailabas no te quitaban ojo, en ese baile medio erótico y provocador que has hecho.- ¿Si? Pues lo habré hecho inconscientemente. - contesté.- Vamos, que sé cuanto te gusta calentar al personal, bonita, igual que a mi, a ver si en una de esas pescáis algo con tu macho, eh? Mira que los conozco.- Si pero me ganas, como siempre, además con ese vestidito y esa abertura, por cierto ¿no llevas bragas?- Si llevo un tanga ¿quieres verlo?Sin responder, se subió el vestido y me mostró una braguita minúscula que tapaba lo imposible, ya que era tan reducida que más que un tanga, era una tirilla estrecha por delante y un hilo por detrás. Me gustaba mirarla y admirarla y a ella le gustaba esa situación.- A ver si te voy a poner caliente a ti también - me dijo, riendo.- Bueno si yo fuera un tío, seguro que ya nos habríamos enredado...- No hace falta que seas un tío para hacerlo, comentó. Teresa nunca me había propuesto nada con ella, pero veía que estaba bastante entusiasmada, por lo que entendí que se me estaba insinuando. El cambio no me importaba en absoluto, es más, en ese momento sentía una gran atracción hacia ella y parecía que se había producido de repente, lo que muchas veces imaginé.- ¿Quieres que pongamos más calientes a los invitados? - me preguntó.- ¿Más aún?- Si, me encanta ser un poco perversa, vamos a montar un numerito que les deje las pollas como postes ¿quieres?- No sé, si, pero... ¿como?- Tú sígueme el juego.... ¿vale?

miércoles, noviembre 09, 2005

El valor de la amistad (Cap.I Susana y su búsqueda)



Teresa, una gran amiga mía, nos había invitado junto a mi marido a una fiesta para celebrar la inauguración de su nueva casa junto a la playa. Ella siempre ha sido una vivaracha y siempre le ha gustado preparar fiestas y todo lo que sea diversión y placer, esta vez, como siempre, era seguro que iba a ser una fiesta divertida, con gente joven y muy alegre. Ella es lesbiana pero eso no impide que seamos dos buenas amigas. La verdad es que tiene muchas amigas.
A mí siempre me ha gustado competir con Teresa, su belleza es fuera de lo común y sé cuanto le gusta a Carlos, sé que la observa con los ojos embelesados y la desnuda con la mirada. Ella y yo somos muy diferentes, yo soy rubia de pelo corto sobre los hombros y ella tiene el pelo castaño oscuro, algo más largo que yo, yo tengo los ojos verdes y ella los tiene color avellana, muy bonitos y muy grandes, sus labios son más gruesos que los míos, en cuanto a pecho las dos tenemos dimensiones semejantes, así como en firmeza. Yo siempre he presumido de piernas largas, pero ella, al ser más alta que yo, las tiene más largas aún y aunque me pese, he de reconocer que más bonitas. Ella está soltera y yo casada pero eso no quita para que cuando salimos por la noche juntas intentemos competir a ver quién es la que más provoca, casi siempre me gana, ya que ella aparte de bonita y sexy es aún más lanzada y atrevida que yo.
Yo esa noche quería impresionar, sin duda que Teresa iba a estar guapísima y sexy, pero yo, como siempre quería ganarle (algo difícil). Me estuve probando toda la tarde varios modelitos: vestidos largos, cortos, faldas atrevidas, pantalones ceñidos, generosos escotes, pero al final opté por un nuevo vestido que a Carlos le encantaba y supongo que al resto de los invitados también. Era un vestido corto de gasa, sin tirantes que se sostenía con refuerzos en el pecho con un gran escote en forma redondeada, color negro y con mucho vuelo, unas medias con ligas y un conjunto de braguitas y sujetador de encaje muy reducido y de color negro también. No sabía si la ropa interior se iba a ver, pero por si acaso yo iba preparada.
Llegamos a la fiesta sobre las diez de la noche y nosotros aportamos los postres y un par de botellas de vino. Teresa salió a recibirnos y como imaginaba, estaba más que seductora. Llevaba un vestido corto como el mío, con tirantes, de una tela rojiza y brillante, con un escote muy audaz y una abertura en un lateral que le llegaba por encima de las caderas mostrando su morena piel y una de dos: o no llevaba braguitas o llevaba un tanga muy subido para que no se le notara. Mi marido solo dijo un "uffffff" al darle dos besos, suficiente para mí, lo que indicaba que había perdido ante aquella belleza, me di por vencida en el primer combate. Carlos siempre me comentaba: "es una pena que a Teresa no le gusten los hombres porque es un auténtico bombón..., o al menos un trío, o no, querida? "
A pesar de todo esto no crean que ella y yo somos rivales en nuestra amistad, todo lo contrario, somos grandes amigas que se cuentan todo sin ningún secreto, yo sé cuanto le gustan a ella las chicas y a veces he servido de celestina para conseguirle alguna nueva amiga, yo prefiero los juegos en que estoy con Carlos, y ella también nos ha ayudado a enganchar mas de un encuentro o fiesta interesante, pero nunca ha aceptado estar ella, aunque varias veces se lo he mas que insinuado. Así que somos amigas y compañeras de fatigas aunque juguemos a distintos deportes, o con distintos contendores.
El caso es que Teresa estaba impresionante, debo admitirlo, muy sexy, simpática, guapa y muy agradable en todos los sentidos.
Al cabo de un rato fueron llegando todos los invitados, uno por uno, pero ninguna de las mujeres superaba a Teresa, siempre me ha gustado parecerme a ella, comportarme como ella... siempre me ha gustado tenerla por amiga y aparte de esa envidia sana, he sentido por ella en alguna ocasión algo más que amistad, rozando el atractivo sexual, no sé si por atracción física o por tenerla idolatrada como modelo de belleza femenina.
Teresa hizo todos los honores de anfitriona en la cena, siempre con su seguridad, su belleza y su saber estar en cada momento, siendo la envidia de unas y el deseo de otros.

jueves, noviembre 03, 2005

Otra vez, tres (Final)


Yo estaba tumbada boca arriba y mi marido, a mi lado, acariciándome el coño e introduciendo y sacando sus dedos, tratando una vez más de meter todo su puño en mi vagina. Sus ojos se extasiaban en su labor, y yo disfrutaba mirándolo y sintiendo la dilatación de mi vulva, que ahora estaba muy lejos de aquella época en que un solo dedo me bastaba para hacerme vibrar. Mi marido había logrado, pacientemente, aumentar la capacidad de mi coño, y ya podía, triunfante meter sus cinco dedos hasta los nudillos. Pero su meta, era emular una de las escenas que más nos había impactado en un vídeo porno: una mujer brindaba a su amante la abertura de su sexo, el que comenzaba a meter sus dedos, entrando y sacando, chorreando jugos de la mujer, para luego, en un tris, que la hizo gemir de placer, meter su puño entero, ¡casi hasta la muñeca!. Y así, como si fuera un miembro gigante, la fornicó manualmente, haciendo que la mujer desfalleciera, en una mezcla de placer y dolor. Yo al principio, era reacia a esa aventura, pero luego, al ir acomodándose mi vulva a tales exploraciones, comencé también a sentir curiosidad por la real capacidad de mi coñito, y como al fin y al cabo, el juego era un prólogo del placer, procuraba colaborar, abriendo mis piernas y mi sexo, para permitir la consumación. En esa grata labor nos encontrábamos, cuando vi que se entreabría la puerta de la habitación y se asomaba un hombre realmente atractivo que se quedó unos segundos mirándonos. Mi mente, conectada en esos instantes a mi sexo, ordenó hacerle una seña explícita de invitación. Mientras veía como se desnudaba para incorporarse con nosotros, le dije a mi marido: "Cariño, acabo de invitar a alguien que se ha asomado, para que se una a nosotros, ahora se está desnudando y en pocos segundos llegará". "Bien, perfecto, gracias por avisarme…,", me respondió, caliente, irónico y bromista.
Mike, que así se llamaba, no corto ni perezoso ya estaba desnudo, se tumbó a mi lado y mientras mi marido seguía metiendo y sacando sus dedos de mi coño, se puso a acariciarme y besarme los pechos y su lengua a penetrar mi boca. Con el tiempo, y la práctica, he aprendido que mi boca, es como otro sexo para mí, la sensación oral es tan alta como la de mi chochito o mi culito.
Cuando mi marido retiró sus dedos de mi coño, sin lograr su meta, no deseaba otra cosa que Mike me la metiera. Se tumbó encima de mí y me penetró muy despacio, haciendo que mi pubis se levantara para buscar una penetración más rápida y profunda. Mientras el extraño me follaba con embestidas fuertes y lentas, mi marido chupaba mi pecho izquierdo y con una mano acariciaba el derecho. Me corrí con el otro, al mismo tiempo que sentía su semen inundarme toda entera. Al terminar el orgasmo mi marido dijo: "Ponte en cuatro y chúpasela". Cuando obedecía, disfrutando del trozo en mi boca, sentí la verga de mi marido penetrarme por atrás y dándome varias embestidas bien fuertes se corrió inundando mi trasero de semen que empezó a deslizarse de mi interior, entre mis nalgas, haciéndome sentir en mi canalillo su calor. Mientras el pene del otro había adquirido de nuevo una dureza respetable, con lo que poniéndome boca arriba me volvió a penetrar acostado encima mío mientras mi marido me ponía su polla en la boca para que le aplicara el mismo tratamiento que le había aplicado hacía poco a la de nuestro compañero. Volvió a correrse él y volví a correrme yo. Cuando la polla de mi marido adquirió de nuevo dureza, me volvió boca arriba, me levantó las piernas por encima de sus hombros y me la clavó, hundiéndola hasta que volvimos a corrernos los dos. Mi coño y mi culo no podían retener la cantidad de jugos que habían depositado en su interior mis dos vergas de la noche, saliendo de mi interior, empapando tanto mis nalgas como la sábana que teníamos debajo.
Ya relajados y satisfechos los tres, nos presentamos, llamamos al timbre para pedir unas copas y continuamos un rato charlando y bebiendo y, de vez en cuando, sin buscar ya nada sexual, acariciando nuestros cuerpos con sensualidad, sin los apuros del deseo insatisfecho.
Me entretenía mirando los dos penes yacer derrotados, pero sin duda saciados por la jornada victoriosa que habían tenido en mis agujeros. Y allí, entre mis piernas, el precioso coñito que tengo, que me ha dado tantos goces y alegrías. Lo sentía pleno y casi harto de placer, pero sabía que tras una ducha refrescante, pronto tendría mi vagina distendida y relajada, apta otra vez, para recibir cuantos embates se me presentaran. Y es que cuando estaba en medio del fragor de la batalla carnal, en reflejos e imágenes tortuosas, sentía que me faltaba una verga, que sin duda, habría completado la faena. Sentí unas enormes ganas de estar atravesada por tres al tiempo, todos mis agujeros llenos de carne dura y fibrosa, erguida, caliente y suavemente lubricada. Quise tener una verga perforándome por detrás, en esa forma que Carlos ha sabido enviciarme, y que me hizo descubrir otras dimensiones del placer, esas desesperantes y trasgresoras penetraciones, que me hacen gritar y acabar con fuerza. Y otra enterrada en mi concha, hundida hasta los pelos en mi cuerpo, enhiesta y mojada, frotando mi esponja interior, estrujándola con mis músculos sexuales y lanzándome chorros de leche candente. Y una tercera en mi boca, mamándola con mis labios, entre lengua y paladar, apretándola con mis dientes hasta hacerla explotar y lanzar a mi garganta los torrentes de néctar, que degusto con placer hasta la última gota. Y así ver finalmente las tres vergas a mis pies, vaciadas por completo, y gritar con esa pasión que me tiene loca. Y pensé que tal vez así se logra encontrar el placer total. Íntimamente, sonriendo para mí, imaginé que tal vez, mas adelante, se daría esa ocasión….