martes, marzo 24, 2009

Agradecer es de caballeros

De regreso es bueno agradecer los elogios de una dama. Es de caballeros. Vean este comentario de Anamar...

lunes, marzo 23, 2009

De vuelta


Amigos y amigas: he vuelto. Y ella me esperaba... mmm Espero reencontrarme con todos. Crear mas historias tentadoras...

lunes, enero 28, 2008

Selección de la semana, no, del mes amigos y amigas


Amigos y amigas: vuelvo a incursionar en la web, buscando páginas candentes. Esta semana hice un hallazgo espectacular, por lo menos asi me pareció. Una cálida sirena que me motivó con sus descripciones increíbles. Los invito a leerla,, vale la pena... ufff, cuentenme después si nos los puso a mil ¡¡¡ ¡Es cosa de dejar volar la imaginación! Una muestra de su relato a continuación:

Tu miras, mientras nuestras bocas se entregan al éxtasis de un beso, nuestras manos acarician nuestros pechos, acariciándolos con delicadeza, pellizcándonos suavemente los pezones, nuestro vello se eriza por el deseo del momento haciéndonos jadear de placer mientras nuestras lenguas siguen un compás frenético, y te miramos, y tu sigues sin perder detalle, con los ojos llenos de deseo y tu pantalón abultado.
Ella y yo, nos tendemos en el suelo, delante de ti, voy rozando mi cuerpo con el de ella, mis senos con sus senos hinchados por el deseo, mis pezones que están muy endurecidos rozan los suyos, mientras sus manos agarran mis caderas, para que no me separe, para que continúe ese movimiento tan placentero....
Leanlo completo aquí:

http://calidasirena.blogspot.com/2008/01/dejando-la-imaginacin-volar.html

lunes, abril 23, 2007

Te llevaré bajo mi piel (Un aporte de Charli)




Sobrecogedora en tu mansedumbre. Diáfana. Cautivante. Dulce y tibia, te entregabas a las caricias con sosegada docilidad. Era la síntesis de la ternura. Encantamiento y fascinación. Éramos capaces de construir un oasis donde estuviéramos.

¿Lo sabes, verdad? Claro que sí, y estás segura de ello, lo leí muchas veces en tu mirada. Cuando te quejabas de que no cerraba mis ojos al besarte. Quería darte la certeza que sólo mirarte, provocaba el motín de todos mis instintos. Mi corazón se inflamaba por completo cada vez que mis ojos atrapaban cada imagen de tu piel, y ansiaba quedármela para siempre.

Amarte, por ello, no fue difícil, dejarte en cambio, me costó un mundo. Y lágrimas en la soledad y en el silencio doloroso de tu ida. Pero de no hacerlo, tu piel terminaría abandonándome por mi incapacidad de amarte como tu merecías. Te perdí, pero gané tu imagen permanente en mi alma, en mi vida entera. A estas alturas, eso es sólo un premio de consuelo, pero por tenerte, mi vida cambió, ya para siempre. Solo sé que te amo y a pesar de eso, te dejo. Mantenerte solo era posible a costa de construir una jaula para ti. Y los ángeles no pueden ser prisioneros. Ni siquiera del amor. Aunque pude quitar mis ojos de ti, seguiré llevándote bajo mi piel.




lunes, diciembre 04, 2006

Viaje de negocios


Debido a los nuevos negocios de un amigo, me pidió lo acompañara a una reunión fuera de Santiago. La verdad es que no me opuse, pues generalmente requería de mis consejos y olfato comercial, normalmente eso se traducía en buenas ganacias para ambos. Esta vez no estaba muy entusiasmado, pero en vista de que ya me había comprometido, emprendimos el viaje. Nos quedamos en un conocido hotel, seleccionado por mi en atención a su excelente restaurante, y con dependencias apropiadas para una reunión con los futuros socios de mi amigo. A las 20:30 llegaron los invitados, los que venían acompañados por sus respectivas esposas. A mi amigo, no le pareció muy bien la idea ya que limitaba la posibilidad de conversar sobre el futuro negocio. Pero para ser para ser honesto, yo estaba fascinado, ya que una de las mujeres era encantadoramente deliciosa, su nombre era Georgette.

Luego de conversar cosas sin importancia, y ya al cenar, no perdía oportunidad de ver a esta hermosa mujer, cabellera rubia, lindas caderas, cola, piernas, unos pechos que sin ser gigantes estaban muy bien y acorde con su cuerpo, en fin, remataba todo con una mirada de unos impresionantes ojos azules que me erotizaba. Georgette notaba como la observaba y para mi fortuna, no parecía desagradarle. Lo que me llamó mucho la atención es que el esposo parecía no prestarle atención, era como si no existiera, imbécil pensé, ¡esta mujer entrega placer con solo verla!

Luego de la cena, no perdí la oportunidad de mirar con detalle y cierto descaro cada uno de sus atributos, eso si cuidando que no me viera su marido. Le coqueteaba discretamente y le decía muchos piropos agradables. Minuto a minuto, descubría que no le era indiferente. Una vez más, constataba que una mujer hermosa nunca se cansa de que le recuerden su belleza y la halaguen.

Con posterioridad a la cena mi amigo y sus dos socios se levantaron para buscar unas escrituras a la habitación, de tal manera, que debí asumir el rol de anfitrión que no me desagradaba. Me ofrecí a hacer grata la pausa a las dos hembras, una era la rubia Georgette , y la otra, una mujer mayor, también interesante, pero que parecía estar mas entretenida en degustar los vinos que en la conversación.

Era increíble la afinidad que teníamos con Georgette, se mostraba muy agradada con mis halagos y salidas cada vez más audaces, se reía con soltura, y me demostraba que poseía una aguda inteligencia y rapidez en captar cada una de mis observaciones de doble sentido. A la vez denotaba que no era una mujer que fuera feliz con su esposo, algunos comentarios así me lo indicaban, lo cual acrecentó mis asedios. En vista de la afinidad antes descrita, quedamos en que le daría mi número de teléfono, para conversar de vez en cuando.
Regresaron los ya socios y quedaron de acuerdo de visitar las obras al otro día y pasar a buscarlos a sus casas a las 08:30 de la mañana. Cerca de la una de la mañana nos despedimos y me preparé para entregarle una de mis tarjetas en forma disimulada, al acercarme, sabía que era la oportunidad de cerrar la complicidad establecida previamente, y pues, nada perdía con intentarlo, por lo que agregué un toque de osadía, además de mi numero escribí, “Mañana 9:30 lencería negra”. Sólo esperaba que ella leyera la tarjeta y que por su naturaleza despierta, no en presencia de su esposo. No dudé que sería así. Las cartas estaban en juego, solo había que esperar.

Al otro día fuimos a buscar a estas personas, que nos estaban esperando en casa del marido de la que era ya mi obsesión. Georgette se despidió de su esposo y al saludarme en ese encuentro previsto como fugaz, lo hizo de una manera mas que cordial y afectuosa, lo que me animó a continuar con el juego. Procuré que ella se diera cuenta que presentaba una excusa para no seguir acompañando a la comitiva de mi amigos, dije sentirme mal, por lo que iba a regresar al hotel y que ellos fueran sin mi.

Luego de un rato en el hotel pedí un taxi y me hice presente en la casa de Georgette, casi soñando con el sedal lanzado. Cuando ella salió se sorprendió y pensé, no ha resultado, pero como ya estaba en su casa, de alguna manera me hice invitar a tomar desayuno con ella. Curiosamente no me preguntó nada sobre mi malestar. Estaba hermosa, con una falda u una blusa que marcaba su delicioso y bronceado cuerpo. Comenzamos a desayunar y yo la verdad, no pocas veces me quemé la lengua por estar concentrado en mil ideas febriles, más que en el desayuno.

El tiempo pasó volando, charlando con ella de diferentes cosas, la familia, los hijos, su marido y poco a poco el tema se fue haciendo más íntimo. Ella comprendía mis puntos de vista y yo parecía casi adivinar lo difícil de su situación como mujer. Con el paso de los minutos la conversación fue derivando en temas mas calientes, las relaciones sexuales, la frecuencia de las mismas, la calidad, etc... y yo acercándome.

Yo ya estaba muy caliente, de manera que a penas observé una leve insinuación en ella, tal vez su pestañeo sensual, el tenue humedecer de sus labios al mirarme, o el roce de su mano al acercarme un pastelillo, o el conjunto de todo ello, el punto es que me dejé llevar. Me acerqué a su rostro, con el ademán coqueto de darle un beso, a lo que ella respondió con un suave inclinar de su cabeza, nuestros labios se tocaron con timidez, para luego buscar entreabrirse mutuamente, en una lucha de lenguas calientes, que a mi por lo menos provocó una erección casi instantánea. El calor del café era nada comparado con el estrecho cierre de su boca sobre mis labios, su aroma era embriagador. Comencé a acariciar sus brazos, sus piernas, sus pechos... cada vez más audaz. Nos fundimos en un abrazo, palpitantes de adrenalina que recorría nuestros cuerpos en ríadas veloces y enardecedoras. De las sillas, no sé como llegamos al suelo, sobre la mullida alfombra. Ahí recorrí cada centímetro de su piel, mis dedos, mis brazos, mis besos, la recorrían entera, como un explorador curioso que quiere hartarse en poco tiempo del hallazgo tan anhelado. Al principio fui lentamente, disfrutando y haciendo disfrutar, y poco a poco, mas profundamente. Ella empezó a pedir que siguiera y no me detuviera. Cuando comencé a deslizar su ropa, comenzó a aparecer una excitante lencería negra. En ese momento ella me dijo “pensaste que no cumpliría?”, y como única respuesta, literalmente la comí a besos. Instintivamente buscó con su mano, mi cierre del pantalón para liberar mi duro cautivo, el cual empezó a manejar diestramente.
Qué rica sensación, qué calor, ¡¡¡qué gusto!!!, estábamos al borde del éxtasis, con mis manos iba desabrochando su blusa, sin dejar de acariciar su piel por doquier, que se estremecía de placer al sentir mis manos. Su blusa cayó al piso y mis ojos se desorbitaron al ver el espectáculo de sus deliciosos pechos. Cual adorador, me puse de rodillas al piso para con la lengua acariciar su vientre y jalar con mis dientes la falda que ya estaba casi del todo abierta, el placer hacía que nuestros corazones latieran cada vez con más fuerza y me pedía entre jadeos que hiciera con ella lo que quisiera. Le había sacado casi toda su ropa, sólo quedaba una tanguita negra que dejaba ver su creciente humedad. La ansiedad hacía que mis manos no dejaran de acariciar y estrujar esos pechos, sus pezones lucían tan erguidos que resultaba cada vez más excitante besarlos y mordisquearlos como si se tratara de un suculento bocado. Ella tampoco era pasiva, y por eso, quedamos ahí tendidos y entrelazados, ambos desnudos y ardiendo. Mis dedos dejaron un momento sus pechos para bajar a su vientre y luego uno a uno se dedicaron con extrema delicadeza, a realizar un recorrido de aproximación a su caliente sexo. Primero con movimientos circulares, provocando estremecimientos en la perfecta zona del vientre. Su cabeza se dejó caer hacia atrás, entregándose al placer, sus labios dejaban escapar gemidos ininteligibles. Así, abandonada a mis manos, abrí ya sus piernas, y mis dedos se dirigieron raudos hacia su objetivo. Acaricié su sexo, y aprovechando la delicada lubricación, mi índice surcó entre los pliegues de su vulva, de abajo a arriba, buscando su botoncito. Allí asomó el exquisito y turgente clítoris, tímido pero desafiante, reclamando sin duda su dosis de caricias, para devolver placer a su dueña. Nos entregamos al placer mutuo, y nos dedicamos a masturbarnos como si fuéramos amantes de siempre. Muy pronto sentí cómo toda mi leche caliente invadía su vientre, ella también se estremeció y empezó a dar unos hermosos espasmos de placer, nuestros cuerpos se estremecían por el éxtasis y el orgasmo que estábamos sintiendo, luego nos dejamos caer, y con todo el cariño que puede sentir un amante por su pareja nos abrazamos y acariciamos, indicando que todavía no había sido suficiente y estuvimos así repitiendo esa misma hazaña de pasión y amor, por unas horas más, la verdad no había apuro.

martes, noviembre 21, 2006

Erotismo de la semana


Dándome la vuelta sobre ella, metí mi cabeza entre sus piernas. Como olía su sexo! Mi lengua empezó a saborearla de arriba abajo, primero suavemente cogiendo mas fuerza poco a poco, presionando sobre su clítoris al compás de sus jadeos. A todo esto mi mujer se había sentado en la silla y se estaba masturbando viendo el espectáculo...


Leer esta aventura de tres...


lunes, noviembre 20, 2006

Lágrimas traicioneras


El bordeaba los 50 años, de contextura más bien gruesa, peinaba canas, ojos cafes, no se consideraba atractivo, pero según se lo habían manifestado, no eran pocas las mujeres que lo encontraban interesante, por su mirada profunda, su hablar pausado y su voz de tono agradable. Sin embargo sufría de muy baja autoestima, producto de una educación apegada a valores muy tradicionales y a una madre muy estricta y golpeadora.
Se había casado muy joven, a los 21 años recién cumplidos, ella era muy tierna, pero
con una muy mala educación, sin espíritu de superación, más bien floja, descuidada en su presentación personal, y hasta desaseada, pero ambos se habían enamorado con esa fuerza que da el desorden hormonal de la juventud.
Nunca le había sido infiel, y recordaba muy pocos momentos de real pasión y entrega con ella. Así no era raro que siempre fantaseara con amigas o conocidas que le hacían vibrar, pero nunca logró concretar nada con ninguna, más que nada por su exacerbada timidez, la que le hacía abortar cualquier impulso que sintiera.
Con motivo de un trabajo temporal, un día la conoció, era todo lo que él había soñado. Un cuerpo tallado a mano, con unas curvas sinuosas, lejos, muy lejos de las regordetas formas de su esposa, con una sonrisa generosa, joven y bonita, un pelo negro y largo que lucía hasta media espalda, un andar gatuno que le enloqueció, unos labios pequeños e invitadores, unas cejas que le hacían pensar en su pubis, frondoso y ensortijado. Su frescura le hipnotizaba, pasaba horas mirándola; para ella, él no le era indiferente y se le insinuaba de diferentes formas, compartían un solo camarín para cambiarse de ropa antes de salir a trabajar a atender público, varias veces, ella se cambiaba de ropa, frente a él, sin mayor pudor, él solo la miraba, incluso en mas de alguna oportunidad, ella le preguntaba coqueta:
¿te gustan mis cuadros?, mostrándole sus mini tangas, y luciendo sus largas y lindas piernas, él sólo se ruborizaba y nada respondía. Pero luego al atardecer, cuando él se había hecho mil ideas y envalentonado, y se ofrecía a llevarla hasta su casa, ella le decía que no, que tenía otras cosas que hacer. Ese juego cruel de ella, lo tenía loco. Pensó dejar a su esposa muchas veces, pensó en ser infiel tantas otras.
Ese día, a ella se le rompió el cierre de su traje, y quedó prisionera del mismo, con el cierre trabado a medio camino, sin poder ni subir ni bajarlo. Estaba claro que no podía atender público con el cierre así, y no podía sacarse el traje para mandar a repararlo ya que el dichoso cierre no lo permitía. Le pidió ayuda a él, quién trató de bajar el pequeño mecanismo con manos temblorosas y torpes por el nerviosismo casi de adolescente que le producía estar tan cerca de ella y a medio vestir. Sus intentos lo único que lograron fue abrir el cierre por debajo del carro, hasta sus rosados y pequeños calzones, pero no bajaba ni un centímetro, ella con una cara mezcla de angustia y picardía le pidió que le sacara el traje como pudiese. Logró sacarle la parte superior del traje tipo buzo de mecánico, pero sin brazos y sin espalda, pasando la parte del cuello por sobre su cabeza, rozando y oliendo ese pelo negro y largo, con olor a manzana que le llegaba a lo mas profundo de su ser, y logró bajar el traje hasta su pequeña cintura, dejando a la vista, unos sostenes minúsculos, de media copa que mas que sostener, resaltaban la redondez y turgencia de esos senos preciosos que él deseaba besar y acariciar, pero que mantenía a unos respetables 20 centímetros de su cara. Sus caderas amplias impedían que el traje bajase mas allá de esas deliciosas curvas, ella se ponía cada vez mas nerviosa, la hora de atención al público se acercaba ya cada vez mas de prisa, y debía concurrir, si no se lo descontarían. El ya no sabía que mas hacer, una muy fuerte excitación ya se hacía notar en su pantalón, ella le dijo imperiosa:
¡Bájalo como puedas!.
El, muy obediente, tomándola por la cintura, la situó frente a si mismo, muy juntos, rodeó su cintura y puso sus manos suavemente en los glúteos de ella, por debajo del traje. Sus manos parecían querer derretir la piel de ella. Ya ni respiraba, anhelante y palpitante como estaba, como si no quisiera romper ese contacto de supremo éxtasis. Ella, dejaba hacer y trataba de ayudar, moviendo sus caderas, en un movimiento muy sensual. El comenzó a presionar con sus manos hacía si, hundiendo sus dedos en el suave, blando y deleitoso trasero, para hacer espacio para que bajase el traje. Así, la mini tanga comenzó a bajar junto al traje, muy lentamente. Cuando él se percató de aquello, cortésmente le pidió que se afirmara la mínima prenda para que no bajase junto al traje.... y debió parar. Sintió que entre sus piernas, ese sólo encuentro supremo de sus pieles y las mil imágenes retenidas en esos breves instantes, había hecho erguirse su herramienta atormentada. Estuvo a punto de acabar, con solo tener en sus manos ese trasero joven, pulcro, rosado y misterioso, perfumado a mil manjares. Una vez más se repuso.... y terminó de bajar el traje, quedando ella sólo vestida con sus diminutas prendas. Allí emergió ella, en su magnificente desnudez. Su piel perfecta, sus formas maravillosas, y mirándolo en dos segundos interminables, como en un acto de entrega formal y sutil.
No pasó nada más. En realidad si, él volvió a su casa aquella noche, miró a su esposa, que yacía en el lecho. Le besó tiernamente en la frente, y se durmió con lágrimas traicioneras en los ojos, pero con una sonrisa de satisfacción.